FRANCIA SÍ APUESTA POR LA AGRICULTURA Y LAS PRODUCCIONES GANADERAS

Discurso del Presidente de la República Francesa, Nicolas Sarkozy,

 en la inauguración de la Feria SPACE.


Es para mí un verdadero placer encontrarme nuevamente ante ustedes con motivo de esta vigésima primera inauguración de la SPACE, Al aceptar su invitación, he querido manifestar a todos nuestros conciudadanos que Francia necesita a sus agricultores y a sus empresas agroalimentarias.

 

Quiero, pues, agradecerles el trabajo que desempeñan cada día al servicio de la economía de nuestro país y que representa una valiosa contribución al equilibrio de nuestros territorios.

 

Francia debe sentirse legítimamente orgullosa de sus agricultores y de su campo. Los territorios rurales, mucho tiempo víctimas del éxodo rural, experimentan en la actualidad un aumento de su población. Por su parte, la agricultura francesa ha realizado desde la segunda guerra mundial una revolución sin precedentes, mejorando en cincuenta años mucho más que durante varios siglos, para llegar a situarse hoy en el primer lugar europeo y el segundo mundial.

 

Señoras y Señores, voy a hablarles pues, con toda franqueza.

 

Durante mucho tiempo, se ha hablado al mundo agrícola con una letanía de promesas vanas, al igual que las negociaciones comunitarias, negándose a admitir la realidad, aunque se tuviera conciencia del desenlace cercano: que determinados sectores pudieron sacar el mejor provecho de la política agrícola común, mientras que otros, Señor Presidente, se enfrentan con muy graves dificultades.

 

Porque les respeto y porque compartimos los mismos valores, sólo puedo hablarles con la verdad, la misma verdad que guiará siempre mis palabras al dirigirme a todos los franceses, durante los cinco años de mi mandato.

 

La verdad es que la agricultura europea se enfrenta a dificultades cada vez mayores.

 

En primer lugar, las incertidumbres climáticas que se multiplican en Europa y en el mundo. Me refiero, en particular, a los agricultores de Martinica y Guadalupe, que vieron cómo el 17 de agosto pasado todo su trabajo quedaba arruinado por el huracán Dean.

 

Me refiero también a las crisis sanitarias, de las que me hablaba precisamente Michel Barnier en el avión hace un momento: la fiebre aftosa, la gripe aviar, la fiebre catarral ovina, que perturban profundamente los mercados europeos y ocasionan pérdidas crecientes, así como una crisis de confianza por lo que se refiere a los consumidores.

 

Además, Europa se enfrenta a una evolución cada vez más desordenada de los precios agrícolas. ¿Quién hubiera podido pretender el año pasado que los precios de la leche en polvo aumentarían en un 70%? ¿Que el del trigo aumentaría en un porcentaje superior al 50%? Esas variaciones no existen en ningún otro sector económico, y provocan importantes dificultades para los criadores de vacuno destinado al consumo de carne, para los criadores de cerdos y para los de aves de corral, generando hoy desigualdades crecientes de ingresos entre los agricultores.

 

Esas desigualdades se reflejan igualmente en el caso de las personas mayores. Una vez más, quiero hablar con la verdad. El promedio de las pensiones para los agricultores es inferior a los 400 euros mensuales. Y no por menos manifestarse los agricultores, en todo caso los jubilados, resulta más aceptable esta injusticia.

 

¿Quién puede afirmar que es ésta una situación digna y equitativa, tratándose, además, de una labor tan ardua? Y no se me olvidan tampoco las viudas.

 

Efectivamente, lo cierto es que existen regímenes especiales de jubilación que no corresponden a oficios forzosamente penosos y que existen oficios penosos que no corresponden a ningún régimen especial de jubilación. Es así.

 

Voy a cambiar esta situación, porque es indecente. La revalorización de las bajas pensiones y el mantenimiento del poder adquisitivo de los jubilados en el sector agrícola constituirán el elemento esencial de la segunda etapa de la reforma de las pensiones en 2008. Expresaré mi opinión sobre los regímenes especiales el 18 de este mes. Para resolver un problema no viene mal recurrir un poco a una metodología.

 

Por último, la agricultura debe igualmente enfrentarse a una escasez de tierras agrícolas. En Francia, se pierden cada año 60.000 hectáreas de tierras de labor. ¿Se podrá aceptar dicha situación cuando se sabe que lo que el Planeta espera de Francia es que produzca más? Porque precisamente de eso se trata. Francia debe producir más.

 

Veamos las cosas tales y como son: las capacidades de nuestro Planeta están ya ampliamente explotadas y, sin embargo, 800 millones de personas mueren todavía de hambre. De aquí a 2050, habrá tres mil millones más de seres humanos. El cambio climático se acelera, el problema del agua se hace cada vez más lacerante.

 

Frente a la escasez de energías fósiles, la etapa post-petrolífera ya ha comenzado. Éste será uno de los grandes problemas del siglo.

 

RESULTA QUE LA AGRICULTURA EN EUROPA CONSTITUYE EL NÚCLEO DE LOS DESAFÍOS DEL SIGLO XXI.

 

La agricultura no es algo que se añore, la agricultura no es solamente una tradición. La agricultura no representa el pasado; la agricultura está en el centro de los retos que debe superar el Planeta durante este siglo.

 

El reto alimentario, el reto medioambiental y el reto energético. Estos son los tres retos en cuyo centro se encuentra la agricultura, y que nos dan tres motivos para confiar en el futuro de la agricultura.

 

Estoy convencido de que Francia es uno de los países del mundo con mayor capacidad para superar esos desafíos. ¿Qué nos hace falta para conseguirlo? Una nueva ambición para la agricultura en Francia y en Europa.

 

Quiero construir una agricultura de primer orden en Francia y en Europa.

 

Por razones de INDEPENDENCIA Y DE SEGURIDAD ALIMENTARIAS: el abastecimiento de los Europeos no puede depender de países extranjeros, expuestos, por lo demás, a crisis sanitarias o a variaciones climáticas sobre las que no tenemos ningún control.

 

Por RAZONES ECONÓMICAS también: porque con 39.300 millones de euros de exportación, 1 millón 600 mil empleos, una balanza comercial que este año superará los 9.000 millones de euros, no pretenderán que abandonemos un sector económico, porque la agricultura es un sector económico que genera un superávit comercial, cuando existen tantos otros sectores que generan déficits comerciales. ¡Qué extraño sería dar la espalda a un sector que nos permite exportar!

 

La agricultura, la pesca y la industria agroalimentaria de nuestro país constituyen pilares fundamentales para nuestra economía y representan sectores generadores de riquezas. Constituyen una baza vital para nuestro crecimiento económico.

 

Además, por razones de EQUILIBRIO TERRITORIAL. Nuestra agricultura es la base del equilibrio y de la vitalidad del mundo rural. Creo sinceramente y afirmo que un mundo rural en el cual se dejase de producir sería un mundo condenado. El turismo es algo extraordinario. Pero no existe turismo en regiones donde ya no hay producción ni actividad económica. No se trata de elegir entre turismo y producción. Se trata de producción y de turismo. Sin producción ya no queda nada.

 

Y, por último, por RAZONES MEDIOAMBIENTALES: la urgencia de la lucha contra el calentamiento climático exige que progresemos rápido en el uso de las energías renovables. En este sentido, nuestra agricultura puede contribuir de tres formas.

 

Con los biocombustibles, en primer lugar.

 

Luego, con la explotación de la biomasa.

 

Y finalmente, con la química verde: el papel procedente del cáñamo, el plástico producido con la fécula de patata, los disolventes de girasol, etc. Nuestro país dispone de todo lo necesario para destacarse en esas disciplinas, que han de conciliar la potencia agrícola con la potencia industrial y la potencia científica.

 

A tal efecto, deseo, como lo dije durante la campaña electoral y, como algunos de mis amigos pueden corroborar, deseo que nuestros agricultores puedan vivir de los precios de sus productos, y no de los subsidios que se les otorgan.

 

El pensamiento único me repetía constantemente durante la campaña electoral que los agricultores nunca podrían vivir de sus precios, del fruto de su trabajo. Hoy se lo digo a mis propios amigos: los hechos me han dado la razón. No me gusta el concepto de disociación, según la cual cuanto menos se produce, más subsidios se reciben.

 

No es éste el concepto que tengo de la agricultura francesa y del trabajo del agricultor, porque un agricultor es un productor que quiere cobrar una justa remuneración por su trabajo y no simplemente recibir asistencia.

 

Por primera vez desde hace cuarenta años, los precios mundiales son superiores a los precios europeos de numerosos productos. No merecía la pena calificarme de demagogo, cuando afirmaba que la preferencia comunitaria debería permitirnos garantizar precios decentes para los productores. Lo que la voluntad política rechazó ayer, lo imponen los mercados hoy. Esto significa que la cuestión de los precios está en el centro mismo de la solución del problema agrícola. Algunos nos recomendaban esperar. ¡Esperar! Ésa es la estrategia que desde hace décadas se propone a nuestro país. Esperar la próxima elección, esperar el próximo acontecimiento, esperar al próximo Presidente. De tanto esperar, sólo se logra acumular atrasos. ¡Hacía falta esperar! Esperar las conclusiones del balance sobre la salud de la PAC en 2008.

 

Esperar la negociación sobre el presupuesto de la PAC en 2009. Esperar la negociación sobre el futuro de la PAC en 2013.

 

Y yo me pregunto ¿por qué habríamos de esperar esas fechas para plantear los principios de una PAC renovada? Asumo mi compromiso: Quiero la ruptura, la ruptura con el maltusianismo, la ruptura con el conservadurismo, la ruptura con el inmovilismo, la ruptura con la inercia. ¿Quién se atrevería a levantarse aquí para decirme que el año próximo será más fácil negociar? ¿Que dentro de dos años será más fácil negociar? ¿Que dentro de tres años será más fácil negociar? Mi estrategia no es esperar para dar "la patata caliente" a los demás. Mi estrategia consiste en hacer lo que los franceses me han pedido que haga: resolver los problemas y llevar a la sociedad francesa a una situación de modernidad en el mundo de hoy.

 

La PAC constituyó un formidable instrumento de modernización. Pero las ayudas públicas representan actualmente casi la mitad de los ingresos de los agricultores y, a veces, incluso más. La reglamentación quisquillosa, de origen francés y comunitario, y los múltiples controles han transformado el trabajo de la tierra en una gestión cotidiana del papeleo administrativo. Así es como caemos en la trampa. ¿No quieren darles precios adecuados? No se preocupen, duerman tranquilos, amigos campesinos, les vamos a dar subsidios. Una vez entregados los subsidios, se les dice que resulta demasiado costoso y se procede, por tanto, a efectuar controles. Para reforzar los controles, se aumenta el papeleo. Así va el sistema, y ya uno deja de ser agricultor, para convertirse en redactor de formularios. Y además, pide disculpas por ejercer un trabajo que es necesario. Yo no acepto para nada una orientación de este tipo.

 

Deseo, pues, una PAC nueva, porque no tengo la intención de abandonar a los agricultores que no quieren vivir de la asistencia de los demás, a los agricultores que no quieren vivir de subsidios, a los agricultores que no quieren ser controlados sobre el tamaño de cada uno de los pelos de sus animales... Si se quiere crear nuevos empleos, tengo varias ideas, pero no en este sector. -Me refiero al tamaño de los pelos de los animales-. Se lo digo, en ese caso también me decían "entiéndalo, Nicolás, de eso no puede hablar porque es tabú". Pues bien, precisamente de eso vamos a hablar.

 

La PAC, tal y como existe hoy, no puede responder a los desafíos posteriores a 2013. Todo el mundo lo sabe, pero nadie lo dice. Duerman tranquilos, que falta mucho para 2013. Y cuando llegue 2013, ¿qué haremos? ¿Qué harán nuestros hijos? Y ustedes, ¿qué harán? Y no será una discusión técnica, en el marco del balance sobre la salud de la PAC, sobre el famoso "régimen de pago único", el "desacoplamiento” o la "modulación" de las ayudas lo que permitirá alcanzar esos objetivos. De tanto llenar la política agrícola de términos incomprensibles, ya nadie tiene ambiciones. Sin que signifique un rechazo del pasado, la renovación de la PAC es indispensable para devolverle su legitimidad.

 

Quiero, pues, con motivo de la presidencia francesa de la Unión Europea, preparar un nuevo marco político para nuestra agricultura en Europa, que radique en principios fundamentales.

 

La política agrícola común debe responder a CUATRO OBJETIVOS:

 

Garantizar la independencia y la seguridad alimentaria de Europa. Objetivo estratégico fundamental, sin que tengamos que pedir disculpas por querer alimentar a los Europeos de manera independiente y saludable.

 

Contribuir a los equilibrios alimentarios mundiales.

 

Preservar los equilibrios de nuestros territorios rurales.

 

Participar en la lucha contra los cambios climáticos y por la preservación del medio ambiente.

 

Esos son los principios fundamentales.

 

Asumiendo mis responsabilidades, afirmo que la PAC debe establecerse según el principio incontrovertible de preferencia comunitaria, que abarque objetivos renovados, con instrumentos y un presupuesto ambicioso que permitan alcanzarlos.

 

Que nadie se llame a engaño: seré intransigente en este tema durante las próximas discusiones relativas al presupuesto comunitario. La preferencia comunitaria no es un palabra ofensiva. Además, SI NO PREFERIMOS A EUROPA, ME PREGUNTO POR QUÉ HEMOS IDO CONSTRUYENDO ESA EUROPA. Y añado que con el Tratado simplificado he contribuido lo suficiente a su reactivación, como para no tener que pedir disculpas por defender la independencia alimentaria de esa misma Europa.

 

En primer lugar, insisto, es necesario que nuestros agricultores puedan vivir de los precios de sus productos, de su producción y de su trabajo, mediante una auténtica política comunitaria de estabilización de los mercados.

 

Nuestro entorno va evolucionando. Debemos darles a los empresarios que son ustedes las posibilidades para prevenir las desastrosas consecuencias de los riesgos climáticos y sanitarios. Para ello, pido a la Comisión Europea que establezca sin demora un dispositivo eficaz para la gestión de los riesgos y los altibajos.

 

Paralelamente, pedí a Michel Barnier que definiera antes de finales de año, junto con Christine Lagarde, las condiciones para generalizar a todas nuestras explotaciones los mecanismos relativos al manejo de los riesgos, a partir de la experiencia del seguro de cosecha. Con el mismo objeto, deseo que se cree un fondo de intervención sanitaria que permita, por ejemplo, responder a nuestras preocupaciones en materia de fiebre catarral ovina.

 

Vivir de los precios y de la producción significa también organizarse mejor. Deseo reforzar la organización comercial de la oferta, en particular en el sector ovino, en el sector de las frutas y hortalizas así como del vino, y garantizar el desarrollo de las interprofesionales.

 

Deseo consolidar el tejido de industrias agroalimentarias, permitiéndoles a ustedes tomar participaciones, por medio de fondos. A tal efecto, pido a Michel Barnier que tome la iniciativa de un memorando, que transmitiremos antes de finales de año a la Comisión Europea, para adaptarse y para adaptar el derecho de la competencia, tomando en cuenta la responsabilidad de las organizaciones comerciales y el interés de los consumidores.

 

Vivir de los precios significa igualmente que cada uno deberá respetar el juego de la competencia. Hoy nos hablan de aumento en el caso de determinados precios de alimentos para el consumo, cuando hace más de diez años que los precios a la producción han disminuido. ¿Se podrá aceptar que en casi 40 años, con unos precios agrícolas divididos por dos, los de nuestros alimentos sólo hayan bajado en un 14%? ¡En alguna parte debe de encontrarse la plusvalía! La respuesta es que no se puede aceptar esta situación y que el Estado va a intervenir.

 

Por eso, en el contexto de la reforma de la ley Galland, cuya tramitación solicité al Gobierno, se reservará un marco específico a los productos agrícolas, para que los agricultores reciban una justa remuneración. No hay ninguna contradicción entre una valorización correcta de los productos y una disminución general de los productos de grandes marcas.

 

Dijiste que ser agricultor no es lo mismo que ser Procter and Gamble. Tenías toda la razón, es cierto.

 

Deseo que la PAC contribuya también a fortalecer la innovación y la investigación en el ámbito agroalimentario.

 

En segundo lugar, debemos respaldar una agricultura que favorezca el desarrollo sostenible de nuestro país y garantice la calidad sanitaria de nuestros productos, mediante una verdadera política de alimentación.

 

En materia alimentaria, los franceses son cada vez más exigentes con respecto a la calidad nutricional de los productos, así como con su seguridad sanitaria. Tomaremos la iniciativa comunitaria para reforzar los controles en las fronteras de la Unión Europea, con objeto de tener la seguridad de que los productos agrícolas y agroalimentarios importados presenten el mismo nivel de calidad que los producidos en Europa.

 

Hay algo que no entiendo. No se pueden imponer reglas a nuestros productores y, al mismo tiempo, dejar que entren en Europa productos procedentes de países donde no existe la trazabilidad ni el respeto mínimo de las normas alimentarias. La competencia debe ser igual para todos. Si nuestros productores y nuestros ganaderos deben ceñirse a una reglamentación para garantizar la seguridad alimentaria, pido que las importaciones a Europa se sometan a las mismas exigencias. Si sus productos no están al mismo nivel, no serán aceptados en el mercado europeo.

 

La calidad del medio ambiente constituye la preocupación cotidiana de los agricultores. Con el "Grenelle del Medio Ambiente" quiero ir al fondo de los debates, sin tabú. En ese ámbito, los proyectos son múltiples y nos ofrecen numerosas palancas para actuar antes de finales de año y ratificar el movimiento iniciado por los propios agricultores hacia una agricultura sostenible.

 

Es imprescindible definir un nuevo plan de reducción del uso de fertilizantes y plaguicidas, para preservar la salud de sus usuarios. Al respecto, quisiera decir a toda la comunidad internacional que los agricultores son las primeras víctimas y no los primeros culpables.

 

Deseo, además, iniciar un verdadero plan de aprovechamiento de la biomasa, que permitirá encaminar las explotaciones agrícolas hacia una mayor autonomía energética.

 

Finalmente, la investigación pública en biotecnologías constituye un elemento fundamental para el desarrollo de nuestra agricultura. En materia farmacéutica, por ejemplo, uno de cada seis medicamentos es fruto de la ingeniería genética y el 60% de los nuevos medicamentos utilizan las biotecnologías

 

Es necesario potenciar la investigación en los ámbitos de la alimentación, la química verde y las biotecnologías.

 

Por último, Francia luchará en Europa para que se aplique una verdadera política de cohesión territorial.

 

Quiero reforzar el apoyo al desarrollo de los territorios, emprender una reforma de las ayudas a las producciones que aprovechan la hierba. Quiero preservar las cuencas de producción amenazadas y las áreas con desventajas naturales, mediante verdaderos mecanismos de desarrollo territorial.

 

Debemos seguir aplicando la política de ayuda para la creación de empresas agrícolas, porque son efectivamente auténticas empresas. Agrícolas, por supuesto, pero empresas, más que nada. Empresas de formación y capacitación, gracias a la enseñanza de la excelencia que constituye la enseñanza agrícola y empresas para la instalación de los jóvenes. La política de ayuda debe continuar con vigor, señor Presidente, porque ¿de qué serviría decir que la agricultura tiene futuro, si los jóvenes ya no pueden instalarse? Necesitamos jóvenes agricultores, en enormes cantidades, cada año, para garantizar el futuro de nuestra agricultura. Todo esto me permite decir que uno de cada dos agricultores que se jubila no es reemplazado. Eso es incompatible con una demanda mundial de productos agrícolas que va a ir creciendo y a la que Francia debe estar en condiciones de responder.

 

Este marco político servirá como base para las próximas discusiones sobre el futuro de la PAC. La revisión general de las políticas públicas nos permitirá, a partir de 2008, modernizar nuestras estructuras y mejorar los servicios prestados a los agricultores.

 

Por lo tanto, Francia tomará muy pronto la iniciativa de defender ese nuevo marco en el escenario internacional. Las condiciones están dadas: Francia ha recuperado su lugar en Europa.

 

El Tratado simplificado sobre el que alcanzamos un acuerdo el 23 de junio pasado, ilustra la renovación del espíritu europeo, el resurgimiento de una voluntad europea común, una voluntad más fuerte que los egoísmos nacionales y más fuerte que las susceptibilidades nacionales. Esta voluntad es, naturalmente, necesaria para entablar una verdadera discusión acerca del futuro de la PAC.

 

Queridos amigos: no me conformo con nada, no aceptaré que Europa sea burocrática y tecnocrática. Quiero que exista la responsabilidad política, quiero que nosotros, los responsables políticos, dejemos de escondernos detrás de una burocracia para disculparnos de lo que ha sido cobardía nuestra. Porque si la Comisión hizo cosas que no eran del agrado de ustedes, fue porque, en un momento determinado, los responsables políticos así lo aceptaron. De nada sirve acusar a los demás cuando uno no es capaz de asumir su propia responsabilidad. Si hay problemas, la responsabilidad la asumiré yo. Quiero que dejemos de buscar chivos expiatorios. Quiero tomar iniciativas enérgicas para volver a construir una política agrícola, asumiendo las opciones, a veces difíciles, que habrá que escoger.

 

Deseo que desde el inicio de la presidencia francesa de la Unión Europea, es decir, en el segundo semestre de 2008, Francia abra una discusión sobre los principios fundadores de la política agrícola común de 2013, en el contexto de un gran debate de orientación sobre el futuro de las políticas comunitarias y de su financiación.

 

Ese trabajo, Michel, habrá que prepararlo en el marco de los encuentros de la agricultura con las organizaciones profesionales agrícolas.

 

En segundo lugar, las NEGOCIACIONES EN LA OMC deben reanudarse sobre bases sanas y a partir de objetivos claros. Me opondré con firmeza a todo acuerdo que no sirva los intereses de nuestro país, porque ése es el mandato que recibí.

 

Lo digo con toda claridad: si Europa renuncia a defender su agricultura de producción y su alimentación, si Europa renuncia a proteger la calidad sanitaria y medioambiental, cuando todas las demás regiones del mundo se defienden y se protegen, si Europa renuncia a actuar y se conforma con resignarse cuando la cámara de representantes estadounidense aprueba la continuación de los actuales mecanismos de apoyo, ¿de qué sirve, pues, construir una política agrícola? Yo no seré el hombre del abandono.

 

Que quede claro. Creo en la globalización. Creo en la competencia. Creo en la economía de mercado. Pero pido la reciprocidad y el final de la ingenuidad.

 

El estado de las negociaciones debe llevarnos a realizar una reflexión profunda en toda la Unión Europea, pero sin duda también en la OMC, sobre el futuro de la negociación, pues es difícil seguir como si no pasara nada. Nos alejamos cada vez un poco más de nuestros objetivos iniciales en esta ronda. No voy a andar con rodeos. Los países emergentes consideran que sólo tienen derechos y ningún deber en el sistema comercial multilateral. Ahora bien, el éxito de la ronda depende de ellos en primer lugar.

 

Tras siete años de negociaciones, cabe tal vez reflexionar acerca de la mejor manera de salir de la lógica actual de la negociación, con miras a reintroducir temas importantes para la Unión, como las reglas relativas a la defensa comercial, la inversión y la supresión de las barreras no arancelarias.

 

Lo digo de la manera más clara: en esta negociación internacional, Francia exige reciprocidad, Francia exige equilibrio, Francia exige la preferencia comunitaria.

 

Así lo manifesté a un hombre por quien tengo amistad y admiración, José Manuel Barroso, y lo dije a cierto número de nuestros grandes socios: India, Brasil, China y Argentina. Europa dejará de ser ingenua. Lo digo con toda sinceridad. Grandes naciones emergen y quieren los derechos de las grandes naciones, pero deben aceptar los deberes de las grandes naciones. No se pueden tener los derechos sin tener también los deberes.

 

Creo que no se puede seguir imponiendo a nuestras empresas agrícolas el dumping medioambiental, el dumping social, el dumping fiscal y, ahora, el dumping monetario.

 

Queridos amigos, como habrán entendido, quiero, junto con ustedes, abogar por una NUEVA AMBICIÓN PARA LA AGRICULTURA EN EUROPA. Quiero una agricultura de producción, de primera fila, en la cual cada agricultor pueda vivir dignamente de su trabajo.

 

Quisiera decirles muy simplemente que, efectivamente, vengo de un medio urbano donde he desarrollado toda mi carrera política.

 

Pero no por ser urbano no se es capaz de estar a la escucha del mundo agrícola.

 

Porque los valores de los que ustedes son portadores, esos valores que impregnan profundamente la sociedad francesa -el trabajo, el empeño, la valentía, la libertad, el pragmatismo, el anhelo de construir, y la preocupación por transmitir- son valores que comparto profundamente.

 

Ustedes conocen mi determinación de respetar los compromisos que asumo.

 

Yo sé que aunando sus energías, sus talentos y su imaginación, la Francia agrícola puede mirar con confianza hacia el futuro.

 

FRANCIA TIENE UN VÍNCULO CARNAL CON SU AGRICULTURA, con su tierra. La palabra "tierra" tiene un significado en francés y yo fui elegido para defender la identidad nacional francesa. Y en esta identidad nacional francesa, existe la relación de los franceses con la tierra, con sus abuelos y sus antepasados. Todas las familias de Francia tienen abuelos que, en algún momento de su vida, labraron la tierra. La agricultura ha configurado nuestros paisajes. La agricultura ha dado a nuestra patria parte de su alma. Teniendo presentes estas convicciones, trabajaremos juntos para el futuro.

 

Tengan la convicción de que siempre manifestaré lo que considero la verdad. Tengo fe en su futuro. Los defenderé, pero también les pediré que dejen a un lado los temores y los hábitos que han atentado contra la modernización de la agricultura francesa. Seré para ustedes un interlocutor exigente, pero leal. No les engañaré. No los traicionaré, por una razón muy sencilla: porque no tengo la intención de defraudarlos.

 

Muchas gracias.