Close

EasyDNNNews

El estrés por calor y su efecto sobre las cojeras
Redacción Revista Frisona

El estrés por calor y su efecto sobre las cojeras

Espacio Podológico publicado en la revista Frisona Española 274 (jul-ago 2026)

En este nuevo artículo de Espacio Podológico nos vamos a centrar en un tema que normalmente se asocia con la producción de leche, la fertilidad o el confort de los animales, pero que también tiene una relación importante con la salud podal: el estrés por calor.

Cuando llega el calor, la mayoría de nosotros somos conscientes de que las vacas disminuyen su ingesta de comida, bajan la producción y empeoran sus índices reproductivos. Sin embargo, no siempre se relaciona el calor con un aumento del riesgo de padecer cojeras.

En resumidas cuentas, el calor no afecta exclusivamente a la reproducción y a la producción de leche. También es un problema de comportamiento, de descanso, de alimentación, de metabolismo y, como consecuencia de todo esto, de salud podal (Imagen 1).

Es cierto, que el estrés por calor por sí solo no produce las cojeras, pero debemos interiorizar que el estrés térmico genera una serie de cambios en la vaca que pueden aumentar el riesgo de sufrir lesiones podales, especialmente aquellas relacionadas con el estuche córneo de la pezuña, como las hemorragias de suela, las úlceras de suela o algunas lesiones de línea blanca.

Además, en las vacas que ya están cojas, el calor puede agravar su situación. Una vaca con dolor en una extremidad se mueve menos, compite peor, acude menos al comedero y al bebedero, teniendo incluso más dificultades para aprovechar las zonas de refrigeración.

¿Qué entendemos por estrés por calor?

El estrés por calor aparece cuando la vaca no es capaz de eliminar todo el calor, ya sea el que produce ella misma como el ambiental. No depende únicamente de la temperatura, sino también de la humedad relativa, de la ventilación, de la radiación solar, de la producción de leche, del consumo de alimento, de la densidad de animales y del diseño de las instalaciones.

Para evaluar el estrés por calor se suele utilizar el índice THI, que combina la temperatura con la humedad para estimar el grado de estrés térmico de las vacas. De forma general, muchos trabajos han situado los efectos importantes del estrés por calor alrededor de valores de THI próximos a 72. Sin embargo, algunos estudios sobre comportamiento han observado cambios incluso antes de llegar a estos niveles (Imagen 2).

Cook et al., en el 2007, estudiaron el comportamiento de vacas lecheras alojadas en cubículos durante diferentes condiciones climáticas. Observaron cambios de comportamiento incluso con un estrés por calor leve o moderado y concluyeron que las modificaciones en la actividad podían aparecer alrededor de un THI de 68. Por este motivo, los autores apoyan el uso de estrategias de ventilación y refrigeración a partir de los 21 °C. Desde el punto de vista de la salud podal debemos anticiparnos a este estrés térmico ya que los problemas sobre las pezuñas no empiezan cuando aparece la cojera, sino cuando se alteran el descanso, el tiempo de pie y la alimentación.

Menos tiempo tumbadas, más tiempo de pie

Uno de los mecanismos más importantes que relaciona el estrés por calor con la salud podal es el cambio en el tiempo en el que la vaca permanece de pie. Lo ideal es que las vacas en lactación permanezcan acostadas entre 12-14 horas al día con el objetivo (a grandes rasgos) de maximizar el aporte de sangre a la ubre y favorecer un descanso de las pezuñas (Imágenes 3 y 4).

En el estudio de Cook mencionado anteriormente, las vacas disminuyeron el tiempo en el que permanecían acostadas de 10,9 a 7,9 horas cuando estas padecían estrés por calor. Es decir, hubo una disminución de alrededor de 3 horas diarias de descanso, al mismo tiempo, el tiempo que las vacas estuvieron de pie en el pasillo aumentó de 2,6 a 4,5 horas al día. Estos datos son muy relevantes debido a que son tres horas más en las que la pezuña soporta peso, tres horas más de presión sobre la suela y tres horas más de carga sobre las estructuras internas de la pezuña (Imagen 5).

Como ya se ha explicado en otros artículos de esta sección, en el interior de la pezuña se encuentra el corion, la tercera falange, el cojinete graso y todo un sistema de suspensión que debe soportar el peso del animal. Cuando aumentan las horas de apoyo, especialmente en animales de alta producción, en el periparto o con problemas metabólicos, el riesgo de que aparezcan lesiones aumenta.

La vaca coja se refrigera peor

En el estudio de Nigel Cook del 2007 se observó también que las vacas con peor locomotion score pasaban más tiempo de pie dentro del cubículo. En concreto, las vacas con puntuaciones de locomoción 2 y 3 permanecían más tiempo de pie en el cubículo que las vacas con puntuación 1. Esto tiene mucha lógica ya que una vaca coja tiene más dificultad para tumbarse y levantarse. Además, puede preferir permanecer sobre una superficie más blanda, como el cubículo, antes que desplazarse o permanecer en los pasillos de hormigón. El problema es que muchas veces las zonas de refrigeración más efectivas se encuentran en la zona del comedero, donde están instalados los ventiladores y los sistemas de mojado (Imagen 6).

Dicho de otra forma, una vaca coja no solo tiene un problema podal, sino que, en verano también puede tener más dificultades para acceder o permanecer en las zonas más frescas del corral. Este punto tiene una aplicación directa en la ganadería, en los meses previos al verano deberíamos identificar y tratar de forma temprana las vacas con cojera. Una vaca que entra en el verano con dolor, con una úlcera de suela, una lesión de línea blanca o una dermatitis digital activa, tendrá menos capacidad para competir, moverse, comer, beber, descansar y refrigerarse.

Alimentación, rumen y pezuña durante el verano

El segundo gran mecanismo que relaciona el calor con las cojeras es la alimentación. Cuando las vacas sufren estrés por calor, reducen el consumo de materia seca. Esta disminución en el consumo puede ocasionar principalmente dos problemas. El primero de ellos es la pérdida de producción, el segundo, es la alteración del comportamiento de los animales a la hora de alimentarse. Las vacas pueden cambiar la distribución de sus comidas, consumir de forma más irregular o concentrar parte del consumo en momentos concretos del día. Esta disminución en el consumo de materia seca se relaciona con un posible aumento del riesgo de padecer una acidosis ruminal subclínica.

Desde el punto de vista podal, esto es importante porque la acidosis ruminal subclínica se ha relacionado tradicionalmente con corionitis (inflama- ción y alteraciones del corion), mal llamada comúnmente como laminitis. Cuando el corion se ve afectado, la calidad del estuche córneo (casco de la pezuña) puede empeorar y la pezuña puede ser más débil y vulnerable a padecer lesiones. Por lo tanto, la prevención de cojeras en verano también pasa por mantener una buena salud ruminal. No se trata solo de enfriar la nave, se trata también de formular correctamente, evitar cambios bruscos de dieta, mantener suficiente fibra efectiva, asegurar el acceso al comedero y reducir la competencia entre animales. Actualmente existen correctores que se pueden añadir a la ración, que están formulados específicamente para prevenir los efectos nocivos que produce el estrés por calor, especial- mente en los efectos que tiene este sobre la calidad del casco de la pezuña.

La cojera como factor que agrava las pérdidas en verano

El estrés por calor y las cojeras tienen algo en común, los dos reducen el rendimiento y alteran el comportamiento de la vaca, además cuando estos dos factores coinciden en el mismo animal, sus efectos pueden sumarse.

En un estudio desarrollado por Cabbia et al., 2026 se analizaron los problemas que ocasionaban en las vacas lecheras el estrés por calor, las cojeras y la mastitis. Para ello estudiaron producción de leche, el tiempo de alimentación y el tiempo de rumia. Los resultados mostraron que las cojeras fueron el factor que provocó la mayor pérdida de producción de leche, con 14,7 kg de leche perdidos. Además, las cojeras generaron las perturbaciones más largas tanto en producción como en el tiempo de alimentación. En este mismo trabajo, el estrés por calor fue el factor que causó las mayores pérdidas de tiempo de alimentación y de rumia, con 175,2 minutos de pérdida en tiempo de alimentación y 210,3 minutos de pérdida en rumia.

Estos datos ayudan a entender por qué el verano puede ser un periodo especialmente crítico. El calor afecta mucho al comportamiento alimentario y a la rumia. La cojera, por su parte, es un problema doloroso que dificulta especialmente los comportamientos que requieren estar de pie, como acudir al comedero y alimentarse. Esto se debe a que el dolor asociado a la cojera penaliza más los comportamientos que exigen estar de pie sin moverse como comer, ya que la vaca intenta minimizar la carga sobre la extremidad afectada. En pocas palabras, el calor reduce las ganas y la capacidad de comer y la cojera dificulta físicamente el hecho de ir a comer y permanecer de pie en el comedero. Cuando ambas situaciones coinciden, el problema se agudiza (Imagen 7).

Consecuencias reproductivas

Aunque este artículo se centra en la salud podal, no debemos olvidar que las cojeras tienen consecuencias reproductivas importantes, y estas consecuencias pueden ser todavía más relevantes en periodos de estrés por calor.

En un estudio desarrollado por Bruno et al., en el 2008 las vacas con locomotion score igual o superior a 3 tardaron 31 días más en quedar gestantes y tuvieron también una menor proporción de tasa preñez al final del estudio, 53,9 % frente a 67,0 %. Además, en ese mismo estudio se observó que, a medida que aumentaba el THI el día de la inseminación, disminuía la probabilidad de gestación. Como bien sabemos las cojeras también afectan a la capacidad reproductiva de la vaca, aumentando también los días en los que los animales tardan en quedar gestantes en comparación con las vacas sanas y disminuyendo también las tasas de preñez. Por este motivo es imprescindible mantener una correcta detección de las vacas cojas y realizarles un tratamiento precoz una vez se observa la cojera.

¿Qué podemos hacer en la granja?

El primer punto en el que nos debemos centrar es la refrigeración. Los sistemas de ventilación y mojado de los animales deben estar bien diseñados y mantenerse correctamente y limpios, así como activarse lo suficientemente pronto para mitigar los efectos nocivos de las altas temperaturas. Se recomienda iniciar el funcionamiento de los ventiladores cuando la temperatura de la nave alcanza los 21 °C. Además, es importante recordar que la vaca pierde calor principalmente mediante la conducción, la convección y la evaporación, por lo que las estrategias de refrigeración deben aumentar la velocidad del aire sobre el animal y, cuando sea necesario, favorecer la evaporación mediante sistemas de mojado con gota gorda (Imagen 8).

Desde el punto de vista de la salud podal, es importante que la refrigeración no se limite únicamente a la zona del comedero, debemos asegurarnos de que la ventilación se realice también en la zona de descanso. Cuando la vaca tiene calor, tiende a reducir el tiempo en el que está acostada y a permanecer más tiempo de pie, porque este comportamiento le ayuda a disipar el calor, pero, como contrapartida, esto hace que aumente las horas de carga de peso sobre las pezuñas.

En este sentido, el artículo escrito por Reuscher et al., en el 2023, evaluó distintas velocidades de aire en la zona de los cubículos, medidas a la altura de una vaca tumbada (más o menos a unos 0,5 metros sobre la cama). Las vacas con ventiladores mantuvieron más tiempo de descanso que las vacas sin ventiladores: 14,2 h/día con ventiladores al 100 %, 13,9 h/día con ventiladores al 60 % y 13,2 h/día en el grupo control. El estudio no demuestra directamente que los ventiladores reduzcan las cojeras, pero sí muestra que una buena ventilación en la zona de descanso ayuda a mantener a las vacas más tiempo tumbadas durante las épocas de estrés por calor.

Como orientación práctica, los autores proponen asegurar al menos 1 m/s de velocidad de aire a la altura de la vaca cuando esta tumbada. Por lo tanto, no basta con tener los ventiladores instalados, debemos asegurarnos y comprobar si realmente el aire llega donde está la vaca y a la velocidad deseada (Imágenes 9 y 10).

El segundo punto es mejorar el confort de las zonas de descanso. Si el calor ya predispone a que los animales permanezcan más tiempo de pie, cualquier fallo en el diseño de los cubículos, el tipo de cama, la sobrepoblación o los tiempos de espera será todavía más perjudicial para los animales. Los cubículos deben ser cómodos, estar bien dimensionados, tener una cama limpia y seca con el objetivo de permitir que la vaca se tumbe y se levante con facilidad.

El tercer punto es reducir los tiempos en los que se obliga a los animales a permanecer de pie. Las esperas prolongadas en la sala de espera y en la sala de ordeño, la sobrepoblación, los pasillos estrechos e incómodos o los movimientos excesivos de los animales aumentan el tiempo total en el que las pezuñas están absorbiendo el peso del animal. Estos motivos, junto con el aumento del tiempo en el que los animales permanecen de pie debido al calor, hacen especialmente importante vigilar estos factores en verano.

También es fundamental realizar una temprana detección de los animales con cojera, una vaca coja se mueve menos, compite peor con las compañeras, acude menos veces al comedero y sobre todo, puede aprovechar peor las zonas de ventilación y refrigeración. Por este motivo, antes y durante el verano o las épocas de calor, deberíamos ser especialmente rápidos identificando y tratando las lesiones podales.

En definitiva, una buena estrategia frente al estrés por calor también es una estrategia de prevención en la salud podal. Un ventilador no cura las lesiones de las pezuñas, pero puede ayudar a que la vaca descanse más tiempo, cargue menos peso sobre sus pezuñas y soporte mejor los meses de verano.

Conclusión

El estrés por calor no debe verse únicamente como un problema de producción de leche, también es un factor que modifica el comportamiento de las vacas, reduce el tiempo de descanso, altera el consumo de materia seca y puede comprometer la salud ruminal. Es importante recalcar que todos estos cambios tienen una relación directa o indirecta con la salud podal del rebaño.

Las cojeras, a su vez, hacen que la vaca soporte peor las épocas de calor, una vaca coja se mueve menos, come peor, puede aprovechar peor las zonas de refrigeración y además puede tener una recuperación más lenta de lo normal. En definitiva, enfriar correctamente las vacas también es cuidar de sus pezuñas.

¿Sabes que...

La condición corporal también puede reflejarse dentro de la pezuña. Una menor condición corporal se ha asociado con unos tejidos blandos de la suela más finos. Sin embargo, esta relación no se explica únicamente por la movilización de grasa en el post parto temprano.

Si quieres leer el artículo en PDF puedes descargarlo desde este enlace o también desde "Documentos" al final de esta noticia.

Artículo técnico publicado por Marc Pineda en el número 274 de la revista Frisona Española, correspondiente a los meses de julio y agosto de 2026.

Print

Documentos

x

Text/HTML

RAZONES GENOTIPAR

Diez razones por las que genotipar con CONAFE

BANNER CUADRADO GRANDES CAMPEONAS

ÚLTIMAS NOTICIAS PUBLICADAS

INSTAGRAM

Página de CONAFE y Revista Frisona Española en INSTAGRAMPágina de CONAFE y Revista Frisona Española en INSTAGRAM

YOUTUBE

Text/HTML


Text/HTML

QUIÉNES SOMOS

La revista Frisona Española y la web revistafrisona.com son los medios de comunicación de la Confederación de Asociaciones de Frisona Española (CONAFE). La edición en papel de Frisona Española, con periodicidad bimestral, se publica ininterrumpidamente desde 1981.

 

Text/HTML

SÍGUENOS 

          

CONAFE - Confederación de Asociaciones de Frisona Española - 2026
Política de privacidad |  Política de Cookies |  Aviso legal
Volver arriba