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Mas Gelats Vell, un camino marcado por la genética, el manejo y el bienestar animal a través de cuatro generaciones
Redacción Revista Frisona

Mas Gelats Vell, un camino marcado por la genética, el manejo y el bienestar animal a través de cuatro generaciones

Reportaje que se publicará en la revista Frisona Española 272 (mar-abr 2026)

De las vacas bajo la casa a una ganadería robotizada. A través de cuatro generaciones, la familia de Damià ha construido en Girona una granja de vacuno de raza frisona que ha sabido evolucionar sin perder su identidad, basada en un modelo de apuesta genética por la funcionalidad, la eficiencia y el bienestar como eje del trabajo diario.

En el municipio de Riudarenes (Girona), enmarcada por el valle de L´Esparra, la ganadería Mas Gelats Vell resume en su historia la evolución del vacuno de leche en España: de unas pocas vacas bajo la vivienda familiar a una granja robotizada donde la genética, el manejo y la organización eficiente del trabajo marcan el rumbo. Ya son cuatro las generaciones de ganaderos —José, Miquel, Josep y ahora Damià— que han ido moldeando un proyecto en el que la tradición conecta con la tecnología y la capacidad de adaptarse al entorno y a los tiempos que toca vivir.

Porque entender lo que hoy ocurre en esta ganadería de vacuno lechero de raza frisona de Girona obliga a remontarse a 1940, cuando el bisabuelo de Damià adquirió la finca y comenzó, poco a poco, a introducir las primeras vacas. No había entonces grandes planes de crecimiento ni estructuras complejas. Solo una casa, unos animales… y una forma de vida.

“Cuando yo nací teníamos 15 o 16 vacas… y estaban debajo de casa”, recuerda Josep, quien hoy encara el relevo generacional con la tranquilidad de ver a su hijo plenamente implicado en la gestión de la ganadería familiar. “Mi padre fue creciendo, yo un poquito más… y ahora ya es cosa suya”, añade.

A partir de ese origen, cada generación fue dando un paso más: el padre de Josep aumentó el número de animales, él consolidó la ganadería y ahora es Damià, su hijo, quien toma el relevo con una visión propia, pero muy conectada con todo lo anterior.

Una vocación que se construye con el tiempo

Sin embargo, durante años, las vacas no entraban en los planes de Damià. “De pequeño no las quería ni ver”, reconoce entre risas, recordando un accidente ordeñando con apenas ocho años. Cuando era niño su interés estaba más en el campo y en los tractores. Pero con el tiempo, y casi sin darse cuenta, la ganadería fue ganando terreno.

Primero llegaron las ayudas puntuales durante los fines de semana, luego una implicación mayor y, finalmente, un año que inicialmente iba a ser “sabático” tras estudiar una FP de Salud Animal, pero que acabó siendo decisivo en su futuro.

“Me cogí un año para pensar qué hacía… y ese año trabajando aquí fue cuando vi claro que quería quedarme”, señala. El aprendizaje técnico, la influencia de su padre y de otros buenos profesionales y la comprobación práctica de que lo que aprendía y los cambios que realizaba en su ganadería daban resultado terminaron de hacer el resto.

“Entre la influencia de mi padre y del veterinario, que me aconsejaba sobre nutrición y reproducción, fui cogiendo el gusto a las vacas. Además, tras hacer mi FP de Sanidad Animal, en la que fuimos la primera promoción, fui a hacer prácticas a una buena ganadería de la zona, donde también me inculcaron la pasión por las vacas y donde lo que aprendía lo repetía en mi ganadería con buenos resultados y eso me animaba a seguir. Me fui metiendo… y ahora no me sacan de las vacas”, afirma convencido.

El punto de inflexión: los 2 robots de ordeño

El momento que marcó un antes y un después en la historia reciente de la ganadería fue la instalación de los robots de ordeño en 2020. Hasta entonces, el trabajo giraba alrededor de una sala en espina de pescado con dos ordeños diarios que consumían prácticamente toda la jornada. “Eran cinco horas por la mañana y cinco por la tarde. Las vacas iban de un lado a otro y nosotros también”, resume Damià.

Como ocurre en la mayoría de las granjas que dan ese paso, los primeros meses exigieron adaptación y ajustes, pero los resultados fueron evidentes desde el inicio. La producción aumentó de forma clara, en torno a los 39 litros por vaca y día—frente a los 33 anteriores—, y lo hizo sin grandes modificaciones en alimentación ni instalaciones.

Más allá de los números, lo que realmente valoran en esta ganadería de Girona es el beneficio en el comportamiento de los animales. “Están más tranquilas, hay menos mamitis y creemos que también hemos ganado en longevidad”, apuntan.

Además, la automatización permitió prescindir de mano de obra externa y reorganizar la dinámica de trabajo, aunque no elimina uno de los grandes retos del sector: la dependencia de profesionales cualificados. Damià insiste en la idea de que “el robot ayuda, pero detrás siempre tiene que haber alguien”.

Hoy, la granja cuenta con un rebaño de más de 160 vacas adultas y una recría importante —unos 120 animales— que garantiza la reposición sin necesidad de comprar animales. Es un modelo bastante cerrado, en el que la genética juega un papel central y donde las decisiones se toman con una visión a largo plazo.

También disponen de una base territorial de unas 140 hectáreas de secano que les permite gestionar los purines sin necesidad de tratamientos adicionales, aunque la alimentación se apoya en una combinación de forrajes propios (raigrás, alfalfa, cereales) y en la compra de maíz ensilado.

Los roles de trabajo están organizados: “Yo me encargo de la comida y del campo”, explica Josep. “Y yo priorizo siempre las vacas”, añade Damià. Pero con la jubilación próxima del padre, el modelo evoluciona hacia una estructura más profesionalizada, con incorporación de personal y una organización basada en turnos, donde Damià asumirá un papel de coordinación. Actualmente cuentan con una empleada externa.

En busca de vacas funcionales

Por otra parte, si hay un elemento que define la filosofía de la granja es la coherencia en el criterio genético. “Siempre se ha tenido claro el tipo de vaca que buscamos”, explica Damià. No persigue animales extremos, sino funcionales, con buena producción, correctos en morfología y capaces de mantenerse en el rebaño durante varias lactaciones. “Prefiero animales homogéneos, en torno a los 80 puntos, que trabajen bien muchos años”, añade.

Esa coherencia a lo largo del tiempo se traduce hoy en un rebaño uniforme, donde la genética no es una moda. La selección de toros adaptados al ordeño robotizado, el uso exclusivo de semen sexado y cruces con Angus para carne, junto con una reposición del 30% basada únicamente en recría propia, refuerzan este modelo cerrado y controlado.

Además, la granja está completamente genotipada, lo que permite afinar decisiones y evitar riesgos genéticos. “El genotipado te confirma si vas por el buen camino y te ayuda a ajustar cada vez más los acoplamientos”, subraya Damià. “También es muy importante el tema de los haplotipos, ver qué animales tienes portadores y te facilita conocer qué animales descartar. Lo tenemos todo en cuenta para el programa de acoplamientos, que cada vez son más precisos porque se van ajustando más”, añade.

Afición por los concursos de raza frisona

El triunfo de Vell 821 Duran Sailing Cardinals como Vaca Gran Campeona de Campllong 2025 y Mejor Sistema Mamario del 41º Concurso Morfológico de la Raza Frisona celebrado en Campllong (Girona) el domingo 27 de abril de 2025 fue el espaldarazo definitivo a una afición por los concursos de raza frisona que es relativamente reciente.

821 Duran Sailing Cardinals (Mas Gelats Vell), Vaca Gran Campeona de Campllong 2025

“La afición a los concursos de raza frisona me viene de los amigos. Fui a mi primer concurso cuando estuve de prácticas y me gustó. Creo que al segundo año me presenté con una ternera, luego dos y algún año he llevado cinco. Hemos hecho un equipo a partir de un grupo de cuatro ganaderías que nos hemos hecho muy amigos a raíz de los concursos, nos lo pasamos bien y entre todos nos ayudamos a prepararlas durante el concurso. Nos juntamos dos o tres veces al año y antes del concurso quedamos para dar una vuelta por las cuatro granjas y ver qué animales llevamos. El año pasado ganamos el concurso de Campllong y fue un triunfo de todos”, explica.

La importancia del manejo

El manejo diario y la organización del rebaño responden a una observación práctica del comportamiento de los animales. Separar novillas y vacas adultas en distintos lotes de ordeño ha sido una de las decisiones clave: “Las novillas son mucho más activas y las vacas adultas más tranquilas. Mezclarlas no funcionaba bien”. Puede parecer un detalle menor, pero ha tenido un gran impacto en el buen funcionamiento del robot.

“Las tenemos separadas entre los dos parques de ordeño, las de primera y segunda lactación en uno y desde la tercera lactación en el otro porque vemos que se comportan muy distinto. Las novillas son muy activas y circulan mucho, a veces están ahí dando vueltas, y la vaca adulta es más pausada y solamente se levanta cuando tiene que ir a ordeñar. A principio, cuando las teníamos mezcladas, veíamos que las vacas adultas se quedaban atrás y las novillas pasaban más. La vaca adulta igual la tenías a 10 metros del robot y ahí estaba hasta una hora y media, mientras iban pasando las otras. Al final, la producción de los dos robots es parecida, el robot de vacas adultas hace un poco menos de ordeños porque entran con más leche y están más rato dentro”, explica.

Para las vacas en producción disponen de cubículos con cama de paja y cama caliente en las zonas de enfermería y postparto. Las novillas y vacas secas también en cama caliente y las terneras, por su parte, están en casetas individuales los primeros 15 días y después pasan a parques de socialización por edades. El destete también lo ha hecho más fácil la incorporación de una amamantadora.

El bienestar animal como estrategia

Igualmente, la mejora continua en bienestar animal ha tenido impacto directo en la producción y en la salud del rebaño. Ventiladores distribuidos por toda la nave, sistemas de refrigeración, rayado de suelos para evitar caídas y accidentes, eliminación de puertas de preselección, limpieza de los cubículos dos veces al día, encamado intensivo o ajustes en la alimentación (dos carros diarios) han ido configurando un entorno más cómodo para los animales y han permitido reducir cojeras, mejorar la comodidad y disminuir la competencia entre animales.

“Antes en verano podíamos perder 5 o 6 litros por vaca y día; ahora la caída es mucho menor y la recuperación más rápida. Al final todo esto también es bienestar para nosotros. Si las vacas están bien, tú trabajas mejor”, resume Damià.

La leche la comercializan a través de la Cooperativa Lletera Campllong, una relación cuyo inicio coincidió en el tiempo con la incorporación de Damià y con un momento crítico del mercado, lo que ha aportado estabilidad a la ganadería.

Mirando al futuro

Damià tiene claro que el futuro de la granja no pasa por crecer en número de animales, sino por optimizar lo que ya tienen. Factores como la disponibilidad de agua o la capacidad de los robots limitan cualquier expansión importante, pero eso no se percibe como un problema, sino como una oportunidad para afinar el modelo.

A partir de ahí, todo girará en torno a la idea de hacer las cosas cada vez mejor para reducir problemas sanitarios, mejorar la reproducción o facilitar el manejo diario.

“Quiero una granja donde intervenir lo mínimo posible y en la que el trabajo sea fácil para quien esté aquí”, insiste. En definitiva, construir una ganadería donde el trabajo fluya y, entre los próximos pasos, destacan la mejora de las instalaciones de almacenamiento de forrajes y la apuesta por energías renovables.

“Tenemos la comida en trincheras y queremos hacer ahora una trinchera nueva para tener una zona de alimentación bien delimitada, para que el que haga el carro lo pueda hacer en poco tiempo y de manera sencilla. Llevamos algún año trabajando con un silo sin pavimentar, pero como hacemos este trabajo de forma manual se tienen más pérdidas de comida porque no se ha conservado bien”, explica.

Por otra parte, reconoce que “la climatología también es algo que condicionará mucho el día de mañana”, por lo que ya están enfocados en las renovables para adaptarse al cambio climático, con la instalación de un sistema de energía a través de placas solares.

Aunque el verdadero reto, insiste Damià, está en otro sitio: las personas, que es donde quiero poner el foco tras la jubilación de su padre para crear un buen equipo de trabajo y simplificar tareas. La organización del trabajo en los próximos años irá precisamente en esa dirección, con la incorporación de personal y una estructura profesionalizada que permita repartir responsabilidades y garantizar la continuidad de la ganadería.

Considero que el gran reto que tenemos por delante en el sector es la mano de obra porque todo el mundo dice que para evitar ese problema ponen robots... Pero detrás del robot hay alguien, ¿no? Y siempre hay alguien en una granja de 140 vacas, en una de 200 y en una de 500. Aquí actualmente somos tres personas trabajando y podríamos ser cuatro perfectamente por volumen de trabajo. Yo en lo que más pienso a día de hoy es en hacer un buen equipo de trabajo, para mí es lo más importante”, explica.

La historia de Mas Gelats Vell es el resultado de décadas de trabajo coherente y sin grandes rupturas. Desde aquellas vacas bajo la casa de José hasta la ganadería robotizada de hoy han pasado muchas cosas, pero mantiene la esencia de una ganadería enfocada en la funcionalidad de sus animales y en la constancia del trabajo bien hecho que se proyecta al futuro de la mano de Damià, su 4ª generación. Como él dice: “Que la granja funcione bien, que las vacas estén bien… y que las personas también lo estén”.

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