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Granja Barraguer Pena: crecimiento moderado del rebaño, mejora de la genética y aumento de la producción como objetivos
Redacción Revista Frisona

Granja Barraguer Pena: crecimiento moderado del rebaño, mejora de la genética y aumento de la producción como objetivos

Reportaje publicado en la revista Frisona Española 259 (ene-feb 2024)

Osso de Cinca (Huesca). Finales de enero.  Nos acercamos a Granja Barraguer Pena -envuelta en la niebla, habitual en esta zona y en esta época del año- para conocer a sus propietarios: Ángel Barraguer, Fanny Cabrerizo y el hijo de ambos, Juan. Juntos manejan un rebaño de más de 1.600 cabezas. No siempre fue así. Cuando Ángel y sus padres vinieron a estas instalaciones en 1996, lo hicieron con 40 vacas. Cómo ha sido el camino desde entonces hasta cerrar el 2023 con una media anual de 870 vacas en ordeño, 703 novillas y 869.559 litros de leche mensuales nos lo explica Ángel, con la experiencia de 40 años (de sus 54) trabajando siempre con vacas frisonas.

Una granja familiar

Esta es una granja familiar, como la mayoría de las ganaderías españolas, en la que Ángel comenzó a trabajar con 14 años porque sus padres y sus abuelos tenían vacas en una cuadra en los eriales del pueblo. Las ganas de crecer y la falta de espacio los llevaron a trasladar el rebaño de 40 vacas a las nuevas naves, más alejadas de la población. El cambio a esta finca en 1996 es el primer hecho destacable en la historia de Barraguer, nos cuenta Ángel. “Nos permitió crecer sin problemas porque en esta zona la densidad ganadera era baja y había forrajes y comida cerca”. Después vinieron las cuotas lecheras y con ellas el límite al crecimiento del rebaño y la necesidad de invertir en derechos de producción. Cuando años después se liberaliza la producción, se encontraron con un nuevo límite: el aumento de la densidad ganadera. Ha pasado el tiempo, la ganadería se ha hecho grande y llega el que, de momento, es el último hito: cambiar de estrategia, pasando del aumento del rebaño a la mejora de su genética.

Hasta hace un año, el objetivo de la ganadería, en la que solo ha habido ganado frisón registrado y en control lechero, era crecer. Compraron novillas francesas e inseminaban con toros americanos, holandeses, casi nunca punteros. El objetivo era crecer en número de vacas y en producción, aumentando el rebaño con recría propia en un 80 % y el resto, de fuera.

Vídeo: Granja Barraguer Pena (Osso de Cinca, Huesca, Aragón)

Alcanzadas las 800 vacas en ordeño y con los límites impuestos por los ayuntamientos, la saturación ganadera de la zona y la falta de terreno, como hemos dicho, aumentar el rebaño ya no es una de sus prioridades; su planteamiento ahora es crecer entre el 3 y el 5 % al año y hacer una selección más dirigida hacia tres líneas: mejora de la genética del rebaño, crecimiento moderado del mismo y aumento de la producción.

Cambio de necesidades y de estrategia

Mientras el objetivo fue crecer, no dieron demasiada importancia a la genética. Sin embargo, el cambio de necesidades y de estrategia y el hecho de comenzar a genotipar con CONAFE, les hizo cambiar el “chip”. Como afirma Ángel, “ahora seleccionamos las mejores novillas y usamos con ellas semen sexado para corregir y avanzar en la base genética del rebaño. Las que salen con un ICO más bajo, las dedicamos a carne, con semen de Angus”.

Además de poder dirigir mejor la selección de sus animales, el genotipado les ha ofrecido una importante ventaja: corregir errores en las paternidades. Estamos en una ganadería grande, en la que se concentran muchos partos y muchos animales y en la que por el manejo o por la mano de obra, se han producido bastantes errores en la asignación de las paternidades, detectándose un alto porcentaje de correspondencias erróneas. “Hemos trabajado durante años haciendo acoplamientos con muchos toros –explica Ángel–, luchando por crecer y un día te das cuenta de que la fiabilidad de que una ternera sea hija del toro que pensabas, es bastante baja… La gran sorpresa al genotipar, fue comprobar que estábamos trabajando con animales cuyas paternidades no eran correctas al 100 % y acoplando con toros que a lo mejor no teníamos que utilizar. Ahora tengo la tranquilidad de que, si genotipo, voy a poner el semen a la que le corresponde y el acoplamiento que le toca. Es una de las cosas que más me han sorprendido, para bien, del genotipado”.

Su filosofía siempre ha sido mejorar, pero la idea de genotipar vino de mano de los veterinarios con los que trabajan desde hace tiempo. Les aconsejaron hacerlo y ahora les parece muy interesante. “Creo que el toro que compre ahora, aunque cueste dinero, irá a la vaca que pueda rentabilizarlo”. Un 50 % de los acoplamientos los hacen con Aberekin, con quienes están vinculados los veterinarios. Trabajaron durante 4 años con la tarifa plana de este centro y ahora compran también semen sexado de otras casas.

El manejo de una gran finca y un gran rebaño

La sociedad formada por Ángel, su mujer, Fanny, que se encarga de los temas administrativos, y su hijo Juan, trabaja en la ganadería y la finca agrícola junto a 10 empleados. “Llevamos 150 hectáreas propias en las que hacemos doble cultivo para ensilar de trigo en invierno y maíz en verano. También llevamos las labores de sacar los estiércoles y los purines y la siembra y el regadío de maíz”. De momento el estiércol y los purines no son un problema o, como dicen, intentan que no lo sea. Tienen separador de purines; lo secan y lo vuelven a poner en la cama de los cubículos, así no usan tanta paja y no hacen tanto volumen de estiércol, nos dicen. “Aquí hay bastante terreno para meterlos, pero aun así tenemos gestores que se los llevan a 20 km, en los Monegros, donde hay mucha tierra y menos granjas. Cuando estamos saturados, esta empresa de purines viene a retirarlos”.

El rebaño de Barraguer Pena consume toda la producción de la finca agrícola, a la que hay que añadir soja, maíz, colza, alfalfa en heno, paja y minerales y carbonato cálcico. Hacen tres raciones: una única para todas las vacas en producción, otra para las secas y otra para las novillas de crecimiento. Las raciones las formula su nutrólogo de siempre, que también les asesora, junto a su equipo, en temas de alimentación, manejo, instalaciones y calidad de leche. Por otro lado, cuentan con el grupo de veterinarios que hacen la clínica. Las decisiones de la granja las hacen consensuadas con ambos equipos, a los que consideran compañeros de trabajo y amigos. Además, un podólogo fijo les visita una vez al mes para hacer las cojas y el mantenimiento.

La granja tiene 7 parques de producción de los que 5 son naves con cubículos para 100-115 animales y los dos restantes son parques con cama caliente con capacidad para 200 animales cada uno. Siempre han repartido los animales de esa forma. “Según hemos ido creciendo, pasamos las vacas de un sistema a otro. Eso nos ha facilitado no tener que hacer tanta eliminación”. En las naves para vacas tienen instalado un sistema de refrigeración que combina ventiladores y duchas que se activan dependiendo del calor, la humedad y el viento. “Es un sistema israelita que alterna un minuto de agua y 3 de aire; se mojan y se secan continuamente y nos va muy bien. Con la ventilación asistida pasamos de hacer 11.275 litros en 2020 a los 12.000 litros actuales, consiguiendo en verano controlar el estrés calórico y mantener la producción y la fertilidad”.

Las novillas están todas sueltas en parques de cama caliente. “En la explotación no tenemos nada de semi extensivo, explica Ángel. Por espacio no nos lo podemos permitir; siempre están todas estabuladas. Lo que sí tenemos ahora son unas naves más grandes donde guardamos todas las novillas adultas, con corrales vallados, que son como una ampliación de la propia nave. Esto en invierno se cierra y viven todas bajo cubierto y en verano, que está todo seco, sí se sacan para que estén más sueltas”. Las terneras primero están en los boxes individuales, luego pasan a parques con amamantadoras y después pasan  a distintos parques según van creciendo.

En cuanto a la sala de ordeño, comenzaron con una en espina de pescado de 2 x 6 en 1996 y en 2008, cuando ya habían alcanzado las 200 vacas en ordeño, hicieron una rotativa de 36 plazas y aprovecharon para poner podómetros e identificación de los animales. Desde 2010, a partir de tener unas 350 vacas, hacen 3 ordeños al día. Cada ordeño les lleva de tres horas y media a cuatro; son muchos animales, pero la sala es rápida y hay 3 o 4 personas trabajando.

Le preguntamos a Ángel si han pensado en poner robots de ordeño, pero por ahora no cree que lo hagan. “En el futuro acabaremos todos con robot. Aunque de momento tenemos otras prioridades de mejora; con el problema de la mano de obra cualificada y si queremos aumentar en calidad y en producción, el robot es buena cosa”.

Más de diez millones de litros

Las vacas de Barraguer Pena produjeron en 2023 un total de 10.434.705 litros de leche, con una media mensual de 869.559 litros y un pico de producción en abril, con 957.603. Desde 1996 entregan la leche a la Cooperativa Láctea Alto Aragón, formada por ganaderos pequeños de la montaña y del llano de la provincia de Huesca, y de la que se hicieron socios. Tienen la marca Copirineo, con la que comercializan parte de la leche, vendiendo el resto a industrias grandes. La cisterna de la cooperativa va todos los días y recoge entre 28.000 y 29.000 litros. Ahora ha sumado dos nuevos camiones que pueden cargar con dos cisternas, una enganchada a la otra. Esto permite que en las granjas grandes con una producción que supera una cuba, no haya que hacer dos viajes; así ahorran tiempo, trabajo y personal.

La cooperativa, que llegó a tener 55 socios, cuenta ahora con unos 32 miembros que, como dice Ángel, son ya un grupo de amigos. Pertenecer a este grupo les da estabilidad económica y psicológica, nos explica. “Cuando estás con un grupo de gente comercializando te da como ánimos: cuando hay problemas, el problema es de todos y cuando va bien, pues vamos bien todos. Lo mismo económicamente habría funcionado igual estando en una industria, igual había crecido lo mismo, pero a mí me ha compensado estar en la cooperativa. Creo que la gente valora que sea una marca de la zona, supongo que pasa lo mismo en todos sitios”.

Más leche durante más tiempo

Aunque siempre han registrado los animales y han estado en control lechero, cuyos datos les siguen siendo de gran utilidad, su concepto de la ganadería era más comercial, buscando más la economía que la estética. Si antes el objetivo de selección era principalmente la producción, ahora miran más el tipo y la longevidad. Con una media de 78 puntos en morfología, reconocen que es un tema al que no han prestado demasiada atención porque estaban creciendo y todos los animales valían. Sin embargo, este es otro aspecto que ha cambiado en la gestión y los planes de mejora de la granja. Gracias también al genotipado, ahora inseminan solo las terneras buenas con la idea de aumentar el valor genético del rebaño y en el futuro, comenzar a crear familias de vacas.

Esta “actualización” del rumbo que están imprimiendo a su ganadería se produce, insiste Ángel, una vez que han conseguido el nivel de calidad que buscaban en otros parámetros. “Con lo que hemos mejorado en leche, pasando de los 10.500 litros que hacíamos en 2004 hasta los 12.000 por vaca que hacemos ahora, con una subida de 1.500 litros por vaca presente, y los cambios realizados en alimentación y cow-confort, que eran primordiales, es el momento de apostar por la mejora genética. Siempre se puede mejorar y para mí, ahora, la viabilidad de la empresa es mejorar en producción sin la necesidad de ampliar el número de animales; mejorar en calidad, en producción, en manejo, en longevidad de animales (tienen una media de 2,7 partos) y no tener que hacer tanta reposición”.

Los desafíos futuros

Los mayores retos para el futuro son la gestión del personal y lidiar con las normativas medioambientales y la burocracia. Y el trabajo del día a día, que no es poco, dicen. Pero saben que tienen que hacer un producto de calidad y saben cómo hacerlo. Asimismo, la compra de materias primas supone un problema añadido, a pesar de estar en una zona de regadío y cerca de los puertos de Tarragona y de Barcelona, lo que hace más fácil la compra de comida. Igualmente, el crecimiento del rebaño conlleva la necesidad de más espacio y aunque están comprando terreno, es complicado conseguirlo en una zona como esta, frutera y de fincas pequeñas.

Para el futuro también tienen en mente, dependiendo de cómo vaya la viabilidad el sector, externalizar la recría y aprovechar el espacio para poner más vacas y sacar más leche porque la sala de ordeño está al 60 % de su capacidad y aún tienen margen.

Al hablar de futuro es obligatorio hacerlo con Juan, el hijo de Ángel y Fanny, que se incorporó hace un año a la ganadería, después de finalizar sus estudios en producción agropecuaria. “Entré a trabajar en la granja por vocación”, nos dice convencido de su decisión. “Desde pequeño, con 10-12 años, iba al lado de mi padre. Siempre me han gustado el campo y los animales. Y cada vez más”. Realmente, lo que más le gusta, confiesa, es el mantenimiento de las naves y el funcionamiento de la granja en general; no tanto trabajar con los animales, sino ofrecerles todo lo que puedan necesitar.

Preguntamos a Juan si le gustaría cambiar algo de la ganadería y no tarda en responder confirmando lo planteado antes por su padre. “Son ya muchos años en los que poco a poco, día a día, se ha ido intentando mejorar todo en general, así que creo que no hay ningún aspecto que haya que cambiar claramente. Bueno, la genética, algún aspecto del manejo, producir algo más con el mismo número de cabezas, mejorar la longevidad… esos puntos que antes se habían quedado pendientes”.

El coste de seguir trabajando

Hablamos de los costes y, aunque ha habido temporadas en las que la mayor carga económica han sido las inversiones, opinan que ahora casi es más caro el mantenimiento y, por supuesto, la alimentación y la mano de obra. “En las explotaciones grandes, si las materias primas y la alimentación van bien, puedes tener margen de maniobra para todo lo demás, porque hay costes fijos en los que no puedes hacer nada”.

Sobre el futuro del sector, Ángel, que no se considera una persona negativa, opina que dependerá de que los precios de la leche y de las materias primas sean razonables y no se descompensen. “Lo que pasa es que han subido mucho los costes fijos. Al subir hace dos o tres años el combustible, todos los trabajos de terceros que hacen la maquinaria de fuera, han subido un montón y la mano de obra igual, está subiendo una pasada, mucho más que lo demás. Entonces no sé cómo será la viabilidad de las granjas”.

En la ganadería hay empleados que llevan con ellos 12, 13 y hasta 16 años; la mitad de la plantilla, gente del pueblo, lleva muchos años, y la otra mitad, rota. “Ese es el problema para los que siguen. De cara a mi hijo, si sigue con el negocio, el tema de la mano de obra lo veo más difícil. Se tendrá que automatizar todo; ya lo tenemos automatizado, pero tendrá que ser mucho más y con mano de obra muy cualificada. Entonces, tendrá que haber un margen con el precio de la leche para que esto se pueda pagar como corresponde. Nuestro producto tiene que valer lo que vale, porque hay otras cosas que cuestan mucho más dinero, y no pasa nada, se consumen igual, no nos importa pagarlo. Y son negocios que tienen mucho margen para todos y en nuestro sector, hay temporadas que sí y otras que no. No soy una persona que siempre se esté quejando del precio barato de la leche, porque hay veces que vamos bien, lo que necesitamos es que dure, que haya estabilidad, no tener incertidumbre. Yo tengo asumido, porque lo he hecho toda la vida, que es un trabajo en el que no tienes fines de semana, ni días de fiesta ni vacaciones y a mi mujer y a mi hijo, como lo han visto, tampoco les parece raro, pero esto cambia con la mano de obra ajena. Hasta ahora lo hemos lidiado, pero no sé a partir de ahora”.

Un ganadero lo es para siempre

El padre de Ángel trabajó en la granja hasta su fallecimiento, hace cinco años, y su madre sigue yendo de vez en cuando y siempre hace algo. Juan es la tercera generación de ganaderos, a la que tal vez se sumen sus dos hermanas pequeñas, quién sabe.

Tiene que ser una satisfacción y una tranquilidad saber que con tu hijo tienes asegurado el relevo, le decimos a Ángel. “Sí, nos responde, pero también es una preocupación como padre, porque es un negocio difícil; si fuera fácil, lo vería con otros ojos. Yo he vivido el negocio y he luchado con mis padres; ha habido temporadas difíciles, pero bueno, lo hemos afrontado todo. Pero ahora hay un poco de incertidumbre por el día de mañana. La leche tendrá que costar lo que vale, lo justo, porque es un alimento necesario y a la gente habrá que pagarle lo que le toca, las cosas son así”.

Está claro que encontrar mano de obra es complicado porque el trabajo es sacrificado, aunque es cierto que ha mejorado y lo seguirá haciendo. Como afirma Ángel, crecer les ha permitido contratar empleados y mejorar la calidad de vida. “Mi juventud y la de mis padres fue vivir en la granja y las actividades que hemos tenido que hacer en la vida han estado vinculadas al horario del ordeño y al horario del trabajo. El día que se moría el abuelo de casa, tenías que enterrarlo por la tarde o al mediodía porque había que ordeñar. El día que me casé, fue por la tarde porque primero que había que ordeñar... Eso lo he vivido yo toda la vida, y mi hijo, como las jóvenes generaciones, no es consciente de lo que hemos pasado. Eso es lo que me da miedo, que sea difícil asimilar el esfuerzo”.

Si no fuerais ganaderos, finalizamos, ¿qué os gustaría ser?: “Ganaderos o agricultores, responden al unísono y sin dudar. Pero siempre en este entorno, seguro”.

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