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Automatización de la alimentación en granjas lecheras (1)
Redacción Revista Frisona

Automatización de la alimentación en granjas lecheras (1)

Artículo técnico publicado en la revista Frisona Española 273 (may-jun 2026)

Introducción

La producción de leche moderna se encuentra inmersa en un proceso de transformación tecnológica sin precedentes. Dentro de este proceso, uno de los ámbitos que ha experimentado un cambio más profundo es el de la alimentación del ganado, una actividad que, aunque tradicionalmente considerada rutinaria, resulta crítica para la productividad, la salud animal y la rentabilidad económica de una explotación lechera. En este contexto, la automatización en la preparación y distribución de alimentos ha pasado de ser una innovación puntual a convertirse en un elemento estratégico dentro de la gestión ganadera.

Durante décadas, la alimentación en granjas de vacuno lechero se realizaba de manera manual o con un grado muy limitado de mecanización. El ganadero distribuía forrajes y concentrados siguiendo criterios basados en la experiencia, con escaso apoyo en datos objetivos. Este enfoque, aunque funcional, presentaba importantes limitaciones: la falta de precisión en las raciones, el elevado consumo de mano de obra y la dificultad para ajustar la alimentación a las necesidades específicas de cada animal. Como consecuencia, era frecuente observar desequilibrios nutricionales, desperdicio de alimento y variabilidad en la producción de leche.

La introducción de maquinaria como los carros mezcladores supuso un primer paso hacia la modernización. La llamada ración total mezclada (TMR, por sus siglas en inglés) permitió ofrecer a las vacas una dieta homogénea, combinando forrajes, concentrados, minerales y vitaminas en una mezcla equilibrada. Sin embargo, el verdadero salto cualitativo se ha producido con la incorporación de sistemas automatizados capaces de gestionar todo el proceso de alimentación de forma autónoma, desde la dosificación de ingredientes hasta su distribución en el comedero.

La automatización de la alimentación en las explotaciones bovinas permite facilitar y reducir el trabajo diario obligatorio. A menudo acompaña el crecimiento de estas explotaciones, especialmente aquellas que tienen raciones complejas y variadas para diferentes lotes de animales y en las que la mano de obra es un factor limitante.

Estos equipos requieren una inversión elevada en comparación con las soluciones más comunes (como el carro unifeed arrastrado o autopropulsado), pero permiten reducir el tiempo y la dureza del trabajo, adaptar mejor la ración a lotes específicos y aumentar la frecuencia de suministro.

La instalación de estos equipos tiene implicaciones en los edificios en términos de diseño, dimensionamiento, implantación, organización de circuitos y vigilancia. Además de elegir el sistema automático de alimentación y sus funcionalidades, también se plantea la cuestión de su integración coherente en edificios ganaderos nuevos o existentes.

El término genérico «robot de alimentación» engloba una gran variedad de modelos, equipos y tipos de funcionamiento. La elección de uno u otro equipo tiene consecuencias importantes en la disposición de los espacios y de los elementos que los componen.

En primer lugar, es necesario elegir un equipo en función de la situación existente: la ubicación de los silos, la posible dispersión del rebaño en distintos edificios, la existencia de pendientes, la presencia de construcciones ya existentes que puedan reutilizarse como zona de preparación de alimentos, etc.

Algunos equipos requieren la creación de un edificio específico denominado «cocina» para almacenar los componentes de la ración, especialmente los forrajes, durante un periodo más o menos limitado. La ubicación de este edificio debe estudiarse cuidadosamente para integrarse de forma natural en el circuito de alimentación y reducir el tiempo de abastecimiento. Su diseño y dimensionamiento deben cumplir normas precisas.

Sin embargo, estos nuevos equipos no son técnica ni económicamente adecuados para todas las situaciones. Antes de optar por estas soluciones, es necesario plantearse las preguntas adecuadas: ¿qué pueden aportar realmente estas nuevas tecnologías en términos de alimentación, resultados técnicos del rebaño, ahorro de tiempo y de energía? Por último, ¿qué impacto financiero tendrán en los resultados de la explotación?

Contexto

La automatización de la alimentación es un concepto ampliamente difundido en los países del norte de Europa desde los años 70, e incluso antes en América del Norte. Allí, los rebaños pasan mucho tiempo en establo, lo que puede justificar altos niveles de inversión. Por el contrario, en Europa y hasta hace poco tiempo, el tamaño moderado de los rebaños y el predominio de sistemas de producción con mucho pastoreo no favorecían el desarrollo de la alimentación automatizada.

Sin embargo, desde los años 2000, el aumento del tamaño de los rebaños, las limitaciones de mano de obra y el incremento de los costes de alimentación debido a la reducción del pastoreo han cambiado la situación. Los primeros robots de alimentación se presentaron en la feria SPACE en 2012. Actualmente, al menos doce fabricantes ofrecen sus equipos en el mercado europeo para automatizar la alimentación del ganado bovino. Se trata tanto de fabricantes tradicionales de equipos de distribución de forrajes como de empresas especializadas en la robotización del ordeño.

Cada año se presentan novedades de forma regular. Actualmente se observan varias tendencias y evoluciones: el desarrollo de robots de distribución sobre ruedas con baterías en detrimento de los sistemas sobre raíles; la propuesta en 2019 de soluciones híbridas sobre ruedas con riel de guiado y alimentación eléctrica, y la automatización del desensilado en silos tipo trinchera.

Todos estos indicadores muestran que este mercado tiene un potencial de crecimiento en un contexto en el que los ganaderos buscan más tecnolo- gías de precisión, ahorro de tiempo y mejores condiciones de trabajo (menor penosidad y mayor flexibilidad). La automatización de la alimentación también puede integrarse en un enfoque de “bajo carbono” y de reducción de los impactos medioambientales.

Sin embargo, en un contexto de volatilidad de los precios de la leche y la carne, es más necesario que nunca controlar los costes de producción. Por ello, un proyecto de automatización de la alimentación requiere un estudio económico detallado, comparándolo con otras soluciones. No obstante, en las explotaciones lecheras de gran tamaño con poco pastoreo, es lógico plantearse la automatización de la alimentación, al igual que la del ordeño, especialmente cuando los equipos existentes se vuelven obsoletos o cuando se proyecta una reforma de las instalaciones. En estos grandes rebaños, la cuestión también puede plantearse como una elección estratégica entre automatizar la alimentación o el ordeño.

La alimentación de los rebaños bovinos se compone de varias tareas que pueden ser robotizadas. En la mayor parte de las soluciones técnicas propuestas hoy en día, solo una parte de estas tareas está automatizada. Por ello, es necesario definir mejor qué se entiende por alimentación automatizada.

El alcance de este trabajo se limita a los equipos que proponen una preparación y una distribución automáticas de la ración compuesta por forrajes. Por esta razón, por ejemplo, los Distribuidores Automáticos de Concentrados (DAC) no se han incluido en el estudio.

Existen en el mercado técnicas de distribución mediante cintas a nivel del comedero. Sin embargo, estos equipos, muy específicos y presentes principalmente en explotaciones de pequeños rumiantes, tampoco los hemos abordado.

El uso de silos torre para el almacenamiento de forraje, en sustitución de los silos horizontales (tipo trinchera), aporta un nivel adicional de automatización, ya que permiten evitar el almacenamiento intermedio en una “cocina”. En este caso, el sistema automático de distribución, que también realiza la mezcla de la ración, se abastece automáticamente de los distintos silos. Esta solución, muy interesante por ser 100 % automatizada, es sin embargo mucho más costosa, lo que explica su escasa implantación en Europa.

Configuración de los sistemas automáticos de alimentación

En la actualidad, los sistemas automáticos de alimentación integran tecnologías avanzadas como sensores, robótica, software de gestión y conectividad digital. Estos sistemas permiten programar con precisión las raciones, adaptarlas a diferentes grupos de animales y distribuir el alimento en múltiples ocasiones a lo largo del día, lo cual contribuye a mejorar tanto la ingestión como el bienestar animal. La automatización no solo reduce la dependencia de la mano de obra, sino que también introduce una capa de control y trazabilidad que antes resultaba impensable.

Un elemento clave en estos sistemas es la fase de preparación del alimento. En instalaciones automatizadas, los ingredientes se almacenan en silos o depósitos específicos desde los que son dosificados mediante equipos de alta precisión. Sensores de peso y sistemas de control garantizan que cada componente se incorpore en la cantidad exacta. Posteriormente, los ingredientes se mezclan en unidades robotizadas diseñadas para lograr una homogeneidad óptima.

Este proceso elimina variaciones que, en sistemas tradicionales, podían afectar negativamente a la digestión y a la producción de leche.

La distribución del alimento constituye la segunda fase fundamental. En lugar de realizarse manualmente o mediante tractores, se lleva a cabo mediante robots que pueden desplazarse de forma autónoma por la nave, ya sea sobre raíles, mediante ruedas guiadas o incluso utilizando sistemas de navegación libre. Estos robots no solo distribuyen la ración, sino que también pueden empujar el alimento hacia el comedero, asegurando que las vacas tengan acceso constante a la comida fresca. Este aspecto es especialmente importante, ya que se ha demostrado que el aumento de la frecuencia de suministro mejora el consumo y reduce el estrés del animal.

La adopción de estas tecnologías ha crecido de forma sostenida en las últimas décadas, impulsada por factores como el aumento del tamaño medio de las explotaciones, la escasez de mano de obra cualificada y la necesidad de mejorar la rentabilidad. A medida que los sistemas se han vuelto más accesibles y fiables, su implantación ha dejado de limitarse a grandes granjas para extenderse también a explotaciones medianas.

La eficiencia mejora significativamente a medida que se incrementa el nivel de automatización. Esto se debe a múltiples factores: una mayor precisión en las raciones, una reducción de errores humanos y una mejor adaptación a las necesidades nutricionales del ganado. En términos prácticos, esto se traduce en un aumento de la producción de leche, una mejora en la salud ruminal y una reducción del desperdicio de alimento.

Desde el punto de vista económico, la automatización implica una inversión inicial considerable, lo que puede suponer una barrera para algunas explotaciones. Sin embargo, los beneficios a medio y largo plazo suelen compensar este desembolso. La reducción de costes laborales, el ahorro de alimento y el aumento de la productividad contribuyen a mejorar la rentabilidad global del sistema. En muchas granjas, la implementación de sistemas automatizados ha permitido reducir el número de operarios necesarios sin comprometer la calidad del manejo.

Además de los beneficios económicos, la automatización tiene un impacto directo en el bienestar animal. Las vacas alimentadas mediante sistemas automatizados suelen experimentar menos estrés, ya que el acceso al alimento es más constante y predecible. Asimismo, la posibilidad de ajustar las raciones de forma precisa reduce el riesgo de trastornos metabólicos, mejorando la salud general del rebaño.

A pesar de sus ventajas, la automatización también plantea desafíos. La dependencia de la tecnología requiere un mantenimiento adecuado y una formación específica del personal. Los fallos en el sistema pueden afectar al suministro de alimento, lo que obliga a disponer de protocolos de respaldo. Además, la integración de diferentes tecnologías dentro de la explotación puede resultar compleja, especialmente cuando se trata de sistemas de distintos fabricantes.

Mirando hacia el futuro, la tendencia apunta hacia una mayor digitalización e integración de los sistemas. La incorporación de inteligencia artificial permitirá optimizar aún más la alimentación, ajustando las raciones en tiempo real en función del comportamiento y las necesidades individuales de cada animal. Asimismo, la conexión con otros sistemas de la granja, como el ordeño robotizado o la monitorización sanitaria, facilitará una gestión integral basada en datos.

En conclusión, la automatización en la preparación y distribución de la alimentación representa uno de los avances más significativos en la ganadería lechera moderna. No se trata únicamente de una mejora técnica, sino de un cambio de paradigma en la forma de gestionar las explotaciones. Aunque su adopción requiere una inversión y una adaptación inicial, los beneficios en términos de eficiencia, bienestar animal y sostenibilidad la convierten en una opción cada vez más atractiva para el sector.

“Familias” o sistemas de alimentación automática

La alimentación robotizada abarca una multiplicidad de funcionamientos y niveles de robotización que han sido agrupados por "familias". Todas permiten una distribución robotizada de la ración y disponen generalmente de un lugar de almacenamiento intermedio para los forrajes, la cocina, a partir de la cual se constituyen automáticamente las raciones deseadas.

La Tabla 1 ilustra las familias de equipos actualmente presentes en el mercado. Todos los robots estudiados requieren el uso de una «cocina», que es un lugar de almacenamiento intermedio de los forrajes y otros ingredientes de la ración. El ganadero la abastece con los diferentes componentes de la ración que, una vez mezclados, se distribuyen automáticamente mediante el sistema.

La principal diferencia se refiere a la fase de elaboración de la ración:

• o bien la ración se mezcla en un carro mezclador fijo, que puede ser alimentado con forrajes por el ganadero (familia C) o automáticamente a partir de los forrajes almacenados en la cocina (familia D),

• o bien la mezcla la realiza el propio robot móvil, que también se encarga de la distribución de la ración (familias A, B y F).

Otra diferencia proviene del tipo de almacenamiento de los forrajes en la cocina. Estos pueden almacenarse en celdas específicas (A, D y E) o directamente en el suelo (B). Dado que los términos utilizados por las distintas marcas para referirse a estas celdas son diferentes, en este documento se utilizan las siguientes denominaciones:

• «almacenadores», para las celdas de almacenamiento cerradas por los cuatro lados, destinadas al forraje a granel,

• «mesas», para las celdas de almacenamiento cerradas por tres lados, adaptadas a forrajes presentados en forma cúbica.

 En el modo de desplazamiento del sistema de distribución reside otra diferencia importante. Actualmente existen tres modelos:

• los sistemas suspendidos sobre raíl, alimentados por red eléctrica,

• los sistemas sobre ruedas, más flexibles de uso pero menos autónomos, ya que funcionan con batería,

• los sistemas sobre ruedas alimentados eléctricamente mediante un raíl ligero que también sirve de guía.

Las dos primeras opciones se encuentran en casi todas las familias. La tercera ha sido desarrollada recientemente por dos empresas. Esta opción híbrida permite combinar la flexibilidad de las ruedas con una alimentación eléctrica eficiente.

La familia F es un sistema totalmente automatizado en el que la fase de extracción del ensilado se realiza mediante un equipo fijo específico situado en cada silo abierto. El robot de alimentación, por su parte, recoge los ingredientes de la ración, los mezcla y la distribuye. Sin embargo, la necesidad de una cocina no desaparece completamente, ya que los minerales, los concentrados y los forrajes secos deben seguir almacenándose en ella, aunque su superficie será menor.

Almacenamiento primarios de los forrajes

Existen varios modos de funcionamiento y niveles de robotización, pero todos siguen el esquema de principio presentado a continuación (Figura 1).

El almacenamiento primario corresponde a la zona de almacenamiento inicial de los forrajes gruesos. Se distingue del almacenamiento secundario (la “cocina”), necesario en la mayoría de las soluciones de alimentación robotizada para elaborar las diferentes raciones. Los almacenamientos primarios pueden ser de varios tipos:

•          Silos trinchera de hormigón.

•          Silos torre.

•          Almacenamiento en pacas bajo cubierta (heno, paja, etc.).

•          Almacenamientos en superficie (ensilado en bolas, remolacha, etc.).

•          Almacenamiento en pie (hierba para suministro en verde).

La automatización, debido a sus objetivos de calidad, exige una atención particular a las condiciones de cosecha y de elaboración del ensilado en los silos trinchera. La forma del silo también es importante, especialmente si se utiliza un desensilador de bloques, para almacenar el ensilado en la zona de almacenamiento intermedio (la cocina) en forma de cubos o bloques, lo que permite mejorar su conservación. En este caso, se priorizan silos de forma cuadrada y con una anchura y altura adaptadas a las dimensiones de los cubos para optimizar el corte (Figura 2).

Para el almacenamiento de forrajes secos, la alimentación automatizada acepta tanto pacas redondas como cuadradas, siempre que estén almacenadas en buenas condiciones.

Sin embargo, deben evitarse los almacenamientos exteriores en montones cubiertos con lonas, especialmente por problemas de conservación.

Los espacios de almacenamiento en superficie de las pacas de ensilado y de remolacha deben estar adaptados para preservar el forraje y optimizar el acceso (zonas estabilizadas y limpias).

Suministro a la cocina de ensilado (a granel o en cubos), heno, concentrados y minerales

La automatización de la alimentación requiere la existencia de una zona de almacenamiento intermedio denominada comúnmente “cocina”. Esta debe ser abastecida regularmente por el ganadero desde la zona de almacenamiento primario de los forrajes. Actualmente, solo el robot de una marca (familia F) permite evitar este trabajo al ganadero, ya que el robot se abastece por sí mismo de ensilado desde los silos trinchera.

El suministro de forrajes gruesos a la cocina puede realizarse de dos formas:

• A granel. El ganadero llena los almacenadores con un cazo (tractor o telescópico). La frecuencia de suministro varía desde una vez al día hasta cada dos días. En verano, se recomienda encarecidamente abastecer al menos una vez al día para evitar el aumento de temperatura del forraje, lo que deterioraría la calidad de la ración.

Los cazos o cucharas multifunción son los más utilizados. Los cazos con mandíbulas cortantes (Figura 3) permiten cortar bloques compactos; son más caros, pero ofrecen varias ventajas: un frente de silo más limpio, menor descompactación del producto y mejor aprovechamiento del volumen de los almacenadores.

• En cubos. Este sistema requiere un equipo específico llamado “desensilador de bloques”. Puede acoplarse en la parte trasera de un tractor, en un cargador frontal, en el elevador delantero o en un manipulador telescópico (Figura 4). El formato en cubos preserva mejor el forraje frente a la reactivación de fermentaciones y permite una conservación más prolongada en la cocina.

Además, la cocina debe ser accesible para los camiones que suministran concentrados y/o minerales almacenados en silos.

Almacenamiento intermedio en la “cocina”

La “cocina” es el término genérico utilizado para designar las zonas de almacenamiento intermedio. Su tamaño depende del tamaño del rebaño, de las raciones distribuidas y de la frecuencia de reaprovisionamiento de los forrajes gruesos.

Existen dos tipos de concepción para el almacenamiento intermedio de los forrajes gruesos:

• Almacenamiento en suelo de bloques o cubos de ensilado y de pacas de forraje seco (pacas cuadradas y redondas), con recogida mediante pinza. Actualmente, solo luna marca propone este concepto (familia B). La cocina se organiza en zonas para poder almacenar, como mínimo, las necesidades de 4 días de alimentación (2 suministros por semana, es decir, 3 y 4 días). Es necesario dejar espacios entre los productos para permitir la circulación de aire, gestionar posibles desprendimientos y favorecer una buena colocación de la pinza de carga (Figura 5).

• Almacenamiento sobre mesas y/o almacenadores con recogida mediante transportador o por el propio sistema automático de distribución (familias A, D y E).

Las mesas

Se trata de mesas abiertas por el lado de carga y con paredes laterales en los otros tres lados, adaptadas al almacenamiento de cubos de ensilado de maíz o de hierba. Estas paredes sirven para guiar el forraje hacia los sistemas desmenuzadores mediante un fondo móvil que funciona con “cadenas y barras”, ya sean simples (2 cadenas) o dobles (4 cadenas) (Figura 6).

El tamaño de las mesas debe adaptarse a los volúmenes y tipos de forrajes necesarios para elaborar las raciones. Varía en función del tamaño del rebaño y de la frecuencia de reaprovisionamiento de forrajes que desee el ganadero.

Las mesas pueden colocarse en posición horizontal o inclinada para alimentar un transportador que lleva el forraje hacia una mezcladora fija o directamente hacia el robot mezclador/distribuidor.

Según los fabricantes, las mesas pueden estar equipadas con sistemas de pesaje, lubricadores automáticos y paredes de acero o materiales compuestos.

Los almacenadores

Son “mesas” cerradas por los cuatro lados, con paredes más altas para almacenar forraje a granel (ensilado de maíz, ensilado de hierba, etc.), con fondo móvil de “cadenas y barras”, ya sean simples (2 cadenas) o dobles (4 cadenas) (Figura 7).

Algunos almacenadores están dispuestos en horizontal para alimentar un transportador mientras que otros, inclinados, alimentan directamente al sistema automático.

Según los fabricantes, los almacenadores pueden estar equipados con sistemas de pesaje, lubricadores automáticos y paredes de acero o mate- riales compuestos.

Equipos específicos para forrajes secos de fibras largas (heno, paja, etc.)

Existen varios conceptos: mesas con fondo móvil de “cadenas y barras” (simples con 2 cadenas o dobles con 4 cadenas) sin paredes laterales, equipadas con 2 o 3 rodillos desmenuzadores.

En estas mesas con desmenuzadores, las fibras largas se transportan mediante el transportador hacia una mezcladora fija, donde se cortan en mayor o menor medida. Las dimensiones de estas mesas son prácticamente iguales a las utilizadas para almacenar ensilado.

La Tabla 2 compara distintas características en mesas y almacenadores.

Existen silos elevados (“silos torre”) de poliéster o de acero equipados con tornillos sinfín conectados a la mezcladora o directamente al robot de distribución. Los concentrados se pesan mediante la mezcladora o el propio robot. La cantidad de minerales, demasiado pequeña para evaluarse por pesaje, se determina en función del tiempo y del caudal del tornillo o de la cadena de cangilones que alimenta la mezcladora o el robot.

Elaboración de la ración en el robot de distribución o en una mezcladora fija

Existen varios niveles de automatización en la elaboración de la ración. Esta puede ser preparada por el propio ganadero a partir del almacenamiento primario directamente en una mezcladora fija (familia C). Sin embargo, en la mayoría de los casos, la ración es preparada por un robot desde los almacenamientos secundarios, ya sea en una mezcladora fija (familia D) o por el propio robot de distribución (familias A, B y F).

Distribución de la ración: características y funciones del robot de distribución

1ª función: el transporte

Los robots de distribución suelen tener una capacidad de carga de entre 2 y 5 m³, excepto una marca, especializada en la distribución de forrajes secos a granel (heno), que ofrece volúmenes de entre 8 y 35 m³.

Los robots sobre ruedas, alimentados por batería, tienen una autonomía de desplazamiento de entre 10 y 18 horas al día. Las versiones suspendidas se alimentan directamente a través del raíl. La velocidad de desplazamiento varía según estén en fase de distribución o de traslado, entre 2,5 y 7 km/h.

En el caso de los robots sobre ruedas, el guiado puede realizarse mediante:

•          cable guía (filoguiado, con cable eléctrico en el suelo),

•          inducción (placas metálicas colocadas en el suelo).

Los distintos alimentos se aportan generalmente mediante un transportador (cinta o cadenas con barras) situado en la parte posterior de las mesas o de los almacenadores. También existen sistemas sin transportador, en los que el robot de distribución (generalmente suspendido en raíl) se desplaza y se abastece directamente bajo cada almacenador, realizando posteriormente la mezcla.

Solo un fabricante propone la carga del robot de distribución mediante una pinza (familia B). Esta se desplaza dentro de la cocina, ya sea sobre un pórtico o sobre un raíl suspendido, y recoge la cantidad de alimento previamente programada.

Segunda función: mezclado

Se pueden distinguir sistemas automáticos de distribución que realizan la función de mezcla y otros que únicamente se encargan de la distribución.

En los que realizan la mezcla, esta tarea puede llevarse a cabo durante la carga, durante el desplazamiento o en el momento de la distribución en el comedero. Cabe señalar que algunos sistemas realizan ambas acciones de forma continua.

Tercera función: la distribución

El robot distribuye la ración mediante una cinta transversal, ya sea por un solo lado o por ambos lados (derecha e izquierda). Los distintos lotes de animales se identifican mediante “marcas” en el suelo (tipo chip RFID), por reconocimiento óptico o mediante placas en el suelo (inducción). Solo un modelo de robot evalúa la cantidad de ensilado que queda en el comedero y distribuye el complemento necesario en consecuencia.

Cuarta función: el “empuje del forraje”

Cada robot de distribución incorpora una función de “empuje del forraje”, que puede realizarse en cada distribución de alimento o entre pasadas, según la programación del ganadero. Existen varios tipos de sistemas de empuje de forraje: de pala fija, de cepillos o de faldones rotativos.

Los equipos con pala fija son muy comunes, pero pueden generar problemas de pesaje en los robots suspendidos sobre raíl (debido a la posición de los sistemas de pesaje).

Resumen

En esta primera entrega hemos expuesto las bases de funcionamiento e instalación de sistemas de alimentación automática. El mercado ofrece distintas opciones, que habrá que estudiar minuciosamente para optar por la que mejor se adapte a las condiciones y características de la granja.

Además de un estudio económico correcto para decidir si la inversión necesaria ofrece el correspondiente retorno económico y un plazo de amortización razonable.

En la próxima entrega abordaremos el diseño y configuración de la “cocina”, que es el “corazón” de estas instalaciones.

Si quieres leer el artículo en PDF puedes descargarlo desde este enlace o también desde "Documentos" al final de esta noticia.

Artículo técnico publicado por Antonio Callejo Ramos en el número 273 de la revista Frisona Española, correspondiente a los meses de mayo y junio de 2026.

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