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Ganadería Redin y Barberena S.C.A., un ejemplo de reivindicación por el futuro de los jóvenes ganaderos desde el valle navarro de Ulzama
Redacción Revista Frisona

Ganadería Redin y Barberena S.C.A., un ejemplo de reivindicación por el futuro de los jóvenes ganaderos desde el valle navarro de Ulzama

Reportaje publicado en la revista Frisona Española 259 (ene-feb 2024)

Esta historia trata de una tradición ganadera de cuatro generaciones protagonizada por los apellidos Barberena y Redin.

Trata de esperanza, la representada por los hermanos Unai y Jon Ander Redin Barberena, quienes con apenas 30 años se esfuerzan por sacar adelante su ganadería en solitario, dentro de un sector que cada vez cuenta con menos jóvenes.

Trata de esfuerzo, el de un ganadero de Arraitz, Dionisio, y de una ganadera del valle de Larráun, Dolores, que tras el fallecimiento de su marido continúa la tradición familiar acompañada por sus hijos.

Y trata de reivindicación por la profesión ganadera y por el futuro de sus jóvenes, que defienden convencidos, pero poniendo el acento en las graves dificultades para el relevo generacional en una industria tan imprescindible como la de los alimentos.

Redin y Barberena S.C.A es una ganadería del municipio de Arraitz, en el hermoso valle navarro de Ulzama. Como nos cuenta Dolores, tanto en su casa, en el valle de Larráun, como en la de su marido, había ganado, y el origen de la granja está en los bisabuelos de Unai y Jon Ander, en concreto en sus bisabuelos paternos, quienes en una casa de Arraitz, como se hacía en la época, tenían un almacén para la hierba seca en la parte superior de la vivienda y la parte de abajo destinada a los animales, convirtiéndose en el germen de lo que es la ganadería actual.

“Mi bisabuelo puso unas vacas de leche en las cuadras de casa, con su hija, nuestra abuela, y luego junto a su marido, mi abuelo Juanito, continuaron con vacas en casa. Después mi padre, con 18 o 20 años tenía que pensar si seguir estudiando o quedarse en la granja y, aún siendo un buen estudiante, lo tuvo claro dada la gran afición que siempre tuvo a las vacas y el campo, y decidió quedarse y hacer la granja de abajo, donde había vacas de ordeño hasta hace 4 meses, y ahora hay terneras y novillas”, recuerda Unai.

Una ganadería que hoy está regentada por dos jóvenes ganaderos de 30 y 31 años y en pleno estado de ebullición, inmersa en cambios y proyectos para sacar adelante un proyecto de vida ganadera actualizado a las exigencias de hoy, con el objetivo de mejorar el bienestar de los animales y facilitar el trabajo a sus propietarios.

“Tras mis padres vine yo, que tras hacer el Bachiller de Ingeniería, en 2010 firmé los papeles de primera instalación el día de mi 18 cumpleaños, y me metí a un Grado Superior de Formación Agropecuaria, compaginando estudios y trabajo durante 2 años, aunque desde siempre, tanto mi hermano como yo, hemos venido a la ganadería a echar una mano”, afirma Unai.

“Al hacer mi primera instalación hicimos obra en la granja, también modificamos algo la sala de ordeño, pasando de una 2x6 a 2x7 en espina, le compramos el ganado a un vecino que se jubilaba y le alquilamos su nave y sus fincas, por lo que pasamos de ordeñar 60 vacas a ordeñar entre 100 y 110. Así estuvimos hasta este último año. Estuvimos dándole vueltas a si seguir o no, porque las instalaciones de las que disponíamos eran ya antiguas, de las primeras que se hicieron al sacar el ganado de debajo de casa, y muy incómodas a la hora de hacer el trabajo, ya que había muchos trabajos manuales. Pero no nos veíamos sin vacas y mi hermano, que es soldador de profesión y estaba trabajando en fábrica, de siempre ha tenido muchísima afición a las vacas, por lo que decidió dejar la comodidad que ofrece un trabajo en una fábrica al lado de casa e incorporarse a la granja hace año y medio”, explica Unai sobre el proceso que les ha llevado hasta hoy.

Unai se incorporó en 2010 y Jon Ander lleva un año y medio tras la primera instalación.

“Es un orgullo verlos al frente de la ganadería familiar. Desde pequeños han tenido esta vocación, y que hoy continúen con la granja es y ha sido de verdad tanto para mi marido como para mí, un orgullo”, subraya Dolores.

Tanto Unai como Jon Ander recuerdan que, efectivamente, la vocación siempre la han tenido y que desde niños les gustaba ayudar a sus padres y colaboraban en las tareas de la granja. Pero antes de tomar la decisión de seguir, reconocen que se plantearon el cierre porque las condiciones de trabajo eran muy manuales y es cuando decidieron automatizar parte de las tareas de la ganadería e invertir para salir adelante.

Unas cuestiones importantes que tuvieron la posibilidad de hablar con su padre antes de fallecer. “A nuestro padre le hizo mucha ilusión que siguiéramos. Cuando estábamos en el hospital y hablábamos de estos temas, así nos lo hizo saber”, destacan sus hijos con emoción.

La instalación de dos robots de ordeño

Lo cierto es que la idea de poner robots de ordeño ya la venían valorando desde hacía tiempo. “Pensábamos en los robots de ordeño más que nada por la cantidad de información que ofrecen sobre la vaca, datos como actividad, ingesta, rumia o células, aunque en este campo los únicos datos fiables son los de laboratorio, sirve como dato orientativo. También nos gustaba la idea de automatizar el ordeño y quitarnos la esclavitud de estar en el foso de ordeño a la misma hora todos los días, sobre todo en campaña de hierbas, porque nos ocupaba 5 horas al día, y, por último, también buscábamos meter el tercer ordeño. En principio nos planteamos ponerlos en la nave de abajo, donde teníamos las vacas en producción antes, y que es donde está la recría ahora. Pero no nos convencía hacer una inversión grande y poner ahí los robots en unas instalaciones tan antiguas, y entonces surgió la idea de hacer una nave nueva para las vacas de ordeño”, explican los hermanos.

Jon Ander señala que, una vez se decidieron a hacer una nueva nave, fueron a varias ganaderías con robots de ordeño de Galicia, Asturias o Cataluña para conocer sus instalaciones, y coger ideas: “Vimos diferentes diseños interiores de nave y diferentes estructuras, y juntando las cosas que nos gustaron en las visitas y las ideas que ya teníamos nosotros, dibujamos lo que queríamos que fuera la nueva instalación, le dimos ese dibujo al ingeniero, y a día de hoy, ese dibujo se ha convertido en la nave de las vacas de ordeño”.

Antes hacían dos ordeños y ahora están llegando a tres ordeños con los robots. Pero tras los cuatro primeros meses, siguen en período de adaptación, tanto ellos como las vacas. “Pensábamos que iría más rodado, pero hemos tenido muchas complicaciones y vamos paso a paso”, dicen. Porque de la mano de esta inversión y con la ausencia de su padre, ha cambiado la forma de organizar el trabajo. “Antes, con mi padre y un empleado, ya estábamos muy ocupados y ahora necesitaríamos al menos dos trabajadores más para sacar todo el trabajo adelante, porque estamos prácticamente todo el día metidos en la granja, los 7 días de la semana, y no puede ser. Tenemos entre 250 y 260 animales y trabajamos 70 hectáreas de terreno, y como estamos nosotros solos, aunque nuestra madre viene a ayudar en todo lo que puede, no llegamos”, explican.

A las tareas del campo se dedica principalmente Unai. De las 70 hectáreas de terreno, tienen unas 20 ha en propiedad y unas 50 ha alquiladas, de cuya producción de maíz, raigrás y pradera natural se sirve el nutrólogo para elaborar las raciones.

“El nutrólogo es Guillermo Galdúroz, de INTIA. Viene y coge muestras de forraje, tanto de hierba como de maíz, y valorando los kilos que hay y su calidad nos hace una ración, que vamos modificando en función de las necesidades del rebaño, o dependiendo de la cantidad y calidad de los forrajes de que disponemos. De este modo, a finales de cada mes, él nos pasa las fórmulas de los piensos que gastaremos el mes siguiente y así sabemos a cuánto vamos a pagar el pienso antes de empezar el mes. Llevamos 6 años trabajando de esta manera y por el momento estamos contentos”, dice.

De las 70 hectáreas de terreno que llevan, cultivan maíz y raigrás en 30 ha, y el resto son praderas naturales. “En las fincas que son pradera natural hay un poco de todo, las de mayor pendiente las comen las vacas secas y las novillas, porque no son tractorables, y entramos solo un par de veces al año, una para abonar, y otra para desbrozar los restos a finales de verano. En el resto segamos, hacemos un par de cortes y después pastoreo”, señala Unai.

A pastar sacan en primavera a las novillas y vacas secas, así como a las terneras a partir de los 8-9 meses. "Tenemos los pastos donde salen las terneras al lado de la granja y las tenemos siempre a la vista. Hacen vida en el campo, corren por las cuestas, se ejercitan, se crían bien ahí, y todos los días les ponemos hierba seca a discreción y les damos el pienso en una nave que tenemos a escasos 30 metros de la nave de ordeño”, nos cuenta Jon Ander.

Luego vuelven a la granja con 14 meses inseminar y, una vez que están preñadas, vuelven a salir hasta que llega el invierno.

Las vacas secas  y las novillas preñadas pastan juntas en parcelas distintas a las de las terneras, pero también cerca de la granja. “Tenemos la suerte de contar con unas 25 hectáreas de terreno al lado de la granja para pastar con los animales.  Las secas y las novillas preñadas salen a pastos hasta pasados los 8 meses de gestación, y conforme se van acercando al parto, unos 20 días antes, las bajamos a la parcela en la que hemos construido la nave nueva para iniciar el preparto, y tenerlas siempre vigiladas. Esto lo hacemos así desde abril hasta noviembre, siempre dependiendo del clima. Luego las recogemos en la granja para pasar el invierno a cubierto”, cuenta Unai.

En cuanto a la gestión de las parcelas, en primavera ellos se encargan de abonar los campos, tanto con abono orgánico como con mineral.

La siega y recogida de hierba también la hacen ellos. “Aquí el clima es muy húmedo, y en primavera hay que correr para hacer los forrajes de la mayor calidad posible. Segamos, pasamos con el henificador para que la hierba pierda algo de humedad, rastrillamos y metemos la hierba a un silo de zanja", apuntan.

Generalmente el silo de las vacas lo hacemos con la picadora de la cuma ganaderos de Navarra. “También tenemos dos carros autocargadores a medias con nuestros vecinos Miguel Ángel, Juana Mari y Mikel, con quien nos ayudamos en las campañas de forraje, y siempre que haga falta. Y dependiendo de las hectáreas que segamos o de lo atareadas que estén las picadoras, elegimos una opción u otra, sobre la marcha. Con la hierba que va para las vacas secas y las novillas en cambio hacemos unas bolas, de un silo con más materia seca, y también pacones de hierba seca”, explican.

En general, piensan que disponer de una base territorial en la que producir la alimentación de los animales puede ser una buena defensa, aunque reconocen los riesgos de cultivar en secano.     “Puede parecer que producir la comida de las vacas en nuestras fincas es una ventaja, y no niego que lo sea si el año va bien, pero hay que currárselo, invertir mucho dinero en tener un parque de maquinaria, dedicarle horas de trabajo, y siempre va a depender de la climatología y de la suerte que tengas con la cosecha y las decisiones que tomes. Por ejemplo, el año pasado decidimos sembrar más maíz que nunca, y con la sequía que tuvimos sacamos una tercera parte de la producción de un año normal. Quien compra la comida de las vacas ya cuenta con ese gasto fijo, y no le dedica tiempo a estas labores, ni tiene el gasto en maquinaria, etc. En cambio, en nuestro caso, tras un año malo, después de hacer todo el gasto en laboreo, semillas y demás, todavía nos toca gastar en comprar comida”, apunta Unai.

Jon Ander nos cuenta el protocolo de alimentación seguido para las terneras y novillas: “A las terneras solemos darles leche natural hasta los 3 meses más o menos. Hasta los 15 días les damos 2 litros cada toma 2 veces al día y después les vamos aumentando la cantidad hasta llegar a dos tomas de 3 litros, es decir 6 litros al día, hasta los 3 meses. Empezamos también con un pienso granulado a discreción y agua desde la primera semana de vida, y cuando tienen en torno a un mes ya cambiamos a pienso en harina. En el box están un mes y medio o así y luego pasan al primer patio para que tengan más espacio e interactúen con otras terneras. Las organizamos por tamaño y conforme van creciendo, pues van cambiando de lote. Por tanto, las terneras hasta los 3 o 4 meses están con pienso a discreción y hierba seca o paja”.

“De esa edad en adelante les preparamos una mezcla compuesta por un 35% de silo de hierba alto en materia seca, 40% de paja de cebada, 5% de ensilado de maíz, y 20% de concentrado. Con esa misma ración están tanto las novillas como las vacas secas, siempre que no les toque salir a pastos, prácticamente hasta que se acercan al parto y ya les añadimos también algo de la mezcla de las vacas de ordeño. Y si les toca salir a pastos, aparte de lo que comen en el campo, siempre tienen hierba seca a discreción, que les ponemos en comederos, y en el caso de las terneras, como ya hemos comentado antes, también pienso, en torno a 5 kilos por ternera al día”, destaca Unai.

En cuanto a la ración de las vacas de ordeño, Unai nos cuenta que actualmente cada vaca está comiendo 13 kilos de silo de hierba, 34 kilos de silo de maíz y 6 kilos de concentrado en la ración unifeed y otros 6 kilos de concentrado en robot. Con lo que ahora sus vacas, estando en 3 ordeños, producen en torno a 40 kilos de leche según el robot. "Aunque traducido a litros de leche en tanque, ahora mismo no pasamos de 38", aclara.

La leche la venden directamente al consumidor. “Hace 15 años nos unimos varios ganaderos de la zona y creamos el grupo Lacturale para empezar a vender nuestros productos: leche, yogures, helado, etc. directamente al consumidor”, nos cuentan.

Nuevas instalaciones

La construcción de la nueva nave empezó en septiembre de 2022. Con unas dimensiones de 67 metros de largo por poco más de 35 metros de ancho, disponen de dos lotes de vacas separados por un pasillo de alimentación central de 5 m de ancho y una distribución interior simétrica. A ambos lados de este pasillo se encuentran los pasillos de comedero de 5.5 m de ancho, seguidos por dos filas de cubículos enfrentados que ocupan otros 5.5 m de anchura, y pasillo exterior de 4 m, lo que les permite ordeñar de forma holgada las 115 vacas, 60 en el lote en que están todas las primerizas y algunas de segundo parto, y 55 en el de vacas adultas.

“Elegimos este sistema de dividir el rebaño en dos lotes más que nada para evitar que las primerizas se vieran intimidadas por vacas adultas dominantes, que era algo que veíamos muy a menudo en la granja vieja, ya que estaban todas en un único lote. Y de esta manera intentar evitar que cojan miedo a ir a la zona de robot”, nos cuentan.

Detrás de la zona de robot, cuentan con un área de separación con dos cubículos, un foso de tratamientos donde hacer los trabajos necesarios en la ubre de las vacas con comodidad, y un área de cama caliente. Aprovechan también esta zona para hacer inseminaciones, reproductivos, etc., ya que es la única zona de la nave con autocapturas.

“Utilizamos la puerta selectora del robot para desviar vacas al área de separación para temas de manejo, ya que es la única zona con autocapturas. Nos decidimos a hacer el resto de la granja con el sistema de comederos flexibles, sin atrapadores, una decisión que en un principio nos parecía arriesgada, pero que tras hablar con Alfonso, un ganadero de A Pastoriza, en una de las visitas que hicimos, y viendo que nos lo recomendaba, nos atrevimos a implantar. La verdad es que, al menos de momento, no nos arrepentimos”, dicen.

A primera vista, también llama la atención el sistema de cubículos flexibles y la cama de compost. Cuentan con 64 cubículos en lote. “Al hacer esta granja buscábamos ante todo amplitud y confort para nuestros animales, y los cubículos flexibles fueron la única opción que barajamos. Veníamos de cubículos de hierro en los que veíamos que las vacas se golpeaban, y cama de colchoneta, a la que añadíamos paja picada deshidratada 2-3 veces al día. Las vacas no estaban mal, pero era mejorable, y sí que es verdad, que con este nuevo sistema pasan más tiempo tumbadas y se les ve más agusto. Descansan más”, añaden.

Aunque, por otro lado, reconocen que "el manejo del compost es más delicado y da más trabajo" de lo que esperaban, "y también requiere de bastante inversión". "Hicimos una nave pequeña de unos 300 metros cuadrados para el separador y las pilas donde se higieniza el compost. El material cae del separador a una pila, de ahí con la pala del tractor lo muevo a otra pila donde se le inyecta aire de forma automática con unos tubos que hay bajo el hormigón. De esta manera conseguimos que la pila se mantenga a más de 70 grados durante más de 100 horas. Y ya estaría el compost listo para echar a las camas", detalla Unai.

Además, rellenan los cubículos dos veces por semana -"y este es otro trabajo en el que tenemos margen de mejora, ya que nos lleva mucho tiempo, 4 horas cada día que llenamos camas"- apunta. "Aparte de esto, pasamos un rastrillo para airear y descompactar las camas a diario, y añadimos 0.8 kilos de cal por cubículo. Lo hacemos inmediatamente después de dar de comer a las vacas, mientras estas comen", añade.

Por otra parte, en la nave destinada a las terneras y novillas tienen actualmente en torno a 135 animales de recría. “Toda la reposición es con nuestra propia recría, siempre ha sido así, aunque es verdad que llevamos un par de años con más novillas de lo habitual, debido a que contábamos con que al hacer el cambio de nave, ordeño y manejo, las íbamos a necesitar, y queríamos tener cierto margen, pero hay que reconocer que nos hemos pasado y nos tocará vender novillas”, subrayan.

“Pensamos que al venir a unas mejores instalaciones iría todo más rodado, pero la verdad es que hemos tenido problemas de adaptación. El más serio ha sido un brote de mamitis, que ya ha remitido. Empezaron a salir 2-3 mamitis nuevas casi todos los días, y así estuvimos en una situación de agonía durante varias semanas hasta que hablamos con otro técnico de mamitis, y dio con el problema. La solución pasó por empezar a usar cal en las camas para aumentar así el porcentaje de materia seca de estas. Hemos visto que esa es la clave para que este tipo de cama funcione con robot, sacar el máximo porcentaje posible de materia seca en las camas. También hemos observado que cuanto más líquido es el purín antes de pasar por el separador, más porcentaje de materia seca nos saca el separador en la fracción sólida que separa y que tras higienizar va a las camas. Teniendo todo esto en cuenta, y metiendo 100 kilos de calcicar a las camas a diario, hemos conseguido salvar la situación, y aunque es una pena no haber sabido esto antes, ahora vamos bien y nos quedamos con eso”, explica Unai.

Afición por la genética y los concursos de raza frisona

Los hermanos Redin Barberena también son aficionados a los concursos de raza frisona, algo que les viene ya de familia. “A nuestro padre le gustaba la genética y participaba en el concurso que se celebraba en Lekunberri. Nos supo transmitir ese gusto por la morfología y las buenas vacas, eso se lo debemos a él. Y tras varios años con el gusanillo de querer participar en un concurso, por fin nos animamos a participar en el concurso de Tolosa, gracias a la ayuda y consejos de Martín, de Kattaburu Holstein, que nos aconsejó qué novillas llevar, nos explicó cómo prepararlas y nos guió un poco en todo eso, al igual que nuestro amigo José Gutiérrez”, explican.

El debut se produjo en Tolosa en el año 2016, con un par de novillas hijas de Endure y Delta, consiguiendo un quinto y un segundo puesto de sección. “Y no queríamos que la cosa quedara solo en eso, y aunque ahora  tenemos el tema concursos un poco apartado, por la obra y demás, volveremos”, destacan.

En 2018 volvieron a Tolosa, esta vez con tres novillas, a la primera sección presentaron una hija de Elude, a la segunda una hija de Emilio –“que es la mejor novilla de concurso que hemos visto en esta casa”- apuntan-, y a la tercera una King Boy. “Con la suerte de que la Emilio, Redin Emilio Desire, que así se llamaba, quedó campeona, cosa que nos animó a participar en el Nacional que se celebró en Gijón al año siguiente, en 2019, con dos novillas, ambas hijas de la misma vaca, una hija de Deman y la Emilio. Y fue ahí donde nos llevamos la mayor de las alegrías que nos han dado los concursos, al quedar Redin Emilio Desire novilla subcampeona nacional”, subrayan orgullosos.

Crónica del X Concurso de Ganado Frisón de Euskal Herria 2018

Otra mirada al X Concurso de Raza Frisona Euskal Herria 2018

Redin Emilio Desire (Emilio), de la ganadería Redin y Barberena (Arraitz, Navarra), Novilla Gran Campeona de Euskal Herria 2018 y 1º puesto de la 2ª sección de Terneras de 12 a 18 meses

Redin Elude Maitane (Elude), 2ª clasificada de la "1ª Sección: Terneras hasta 12 meses" del Concurso de Raza Frisona de Euskal Herria 2018

Respecto a la genética reconocen que durante años les gustaron “los extremos a tipo, buscando animales correctos y buenos morfológicamente”. “Aunque ahora con el tema del robot, necesitamos, sin cambiar demasiado lo que hemos estado buscando hasta ahora, fijarnos más en colocación de pezones, estatura, profundidad de la ubre, seguir un poco esa línea de vacas de robot, pero siempre sin abandonar el tipo”, añade Jon Ander.

La evolución genética del rebaño ha sido progresiva, usando “siempre toros con mucho tipo, buenas ubres y buenas patas”, pero Unai reconoce que “el mayor salto” lo dieron en 2016. “Unos amigos, José y Juan Gutiérrez, tuvieron que cerrar su ganadería. Nos llamó José para ir a ver sus animales y traernos algunas “especiales”. Fuimos con la idea de comprar media docena y acabamos comprando 50 animales. Trabajaron mucho la genética, de hecho, Desiré es hija de una de esas vacas que compramos y que hoy es la más longeva de nuestra ganadería. Tenían muy buenos animales que hemos seguido trabajando junto a las mejores familias de nuestra casa, y tenemos ahora un rebaño muy bonito, pero siempre con margen de mejora”, explica.

Jon Ander añade que, aunque siempre buscan toros positivos en leche y con buenos rasgos de salud, “que tengan como mínimo 400 en leche”, nunca se han obsesionado con la producción. “Y acoplando bien, teniendo vista y trabajando las buenas familias de la ganadería, tanto morfológicamente como en producción se va notando la mejoría”, apunta.

“También se nota hacer los embriones”, añade Unai. El protocolo que siguen en este sentido es el siguiente: a las novillas buenas, que vienen de buenas familias con varias generaciones MB, les ponen semen sexado; a las novillas genotipadas de esas familias especiales de la ganadería que tienen mejor prueba genómica les hacen embriones con sexado que implantan en las novillas de peor familia. “Ahora tenemos una vaca, en concreto de segundo parto, de 89 puntos, e hija de Desire que es la rama que vamos a trabajar más ahora”, agrega.

Finalmente, a las novillas que no preñan con embrión les inseminan con convencional. "Y nos guardamos el sexado para las mejores, sean novillas o vacas en lactación de las que queremos descendencia. Para el resto, utilizamos azul belga”, detallan.

Genómica y otros proyectos de CONAFE

En Redin y Barberena también están convencidos de la utilidad de la genómica como herramienta de mejora. Antes teníamos genotipadas a todas las terneras e identificábamos las mejores familias para trabajarlas y ahora vamos genotipando dentro de esas familias todas las novillas, para ver dónde atinar con los embriones. Pero estaría bien empezar a genotipar otra vez todo. La genómica es fiable. Aquí hemos visto que las mejores familias de vacas, las que mejor funcionan y más puntos tienen, al final son las más altas en genómica. Al final lo que buscamos es el tipo y la verdad es que coinciden”, explica Unai.

"La genómica es fiable. Aquí hemos visto que las mejores familias de vacas, las que mejor funcionan y más puntos tienen, al final son las más altas en genómica. Al final lo que buscamos es el tipo y la verdad es que coinciden”, explica Unai.

Participan en el Programa de Salud Podal I-SAP de CONAFE y una vez estén adaptados a los robots de ordeño también tienen previsto colaborar con el proyecto GO_AMSOS.

"Colaboramos en I-SAP de la mano de Luis y Maider, del Grupo Veterinario Ulzama, con quien trabajamos la podología y temas de veterinaria, y también trabajamos con Albaitaritza. Añadir que ahora mismo llevamos 3 meses sin hacer baño de patas, porque apenas hay dermatitis en la granja nueva, aunque estamos siempre alerta. Y en cuanto a protocolos veterinarios, vacunamos toda la ganadería de IBR por medio de la ADS, y aparte ponemos vacuna de carbunco y de neumonía en novillas. Hemos empezado ahora a vacunar también para las diarreas de los terneros, al igual que de mamitis, debido al brote que hemos comentado antes, y que nos ha metido el miedo en el cuerpo. Aunque siempre hemos sido una granja que hemos estado bajos en células somáticas y no hemos tenido mucha mamitis, hemos visto que más vale prevenir que curar, y hemos optado por esta vía. A ver cómo nos va", reflexionan los hermanos.

Por último, señalan que pensar en el futuro a muy largo plazo no les sirve de mucho en estos momentos de cambio, pero que a corto plazo sí tienen el objetivo de cerrar la cara norte de la nave nueva porque cuando nieva entra la nieve hasta los robots y se mojan las salas de parto. Y que a medio plazo igualmente querrían poner amamantadoras para seguir automatizando la granja, así como acondicionar la nave de terneras y novillas con el objetivo de “ofrecerles un poco más de comodidad a los animales”.

“Todo esto son planes a corto y medio plazo que con suerte podremos ir realizando, siempre y cuando nos dejen seguir haciendo lo que nos apasiona, siempre y cuando este estilo de vida, nuestro estilo de vida, merezca la pena. Espero que sea así y no nos dejen desaparecer, y aprovecho estas últimas palabras para, primero hacer que todos lo que han llegado hasta estas líneas sepan, que mi hermano y yo hoy somos lo que somos, gracias a nuestro padre, Dionisio, a quien le debemos todo. Y también para decir a todos los que se dedican a lo mismo que nosotros, que tengan claro que debemos estar orgullosos de nuestro trabajo, que somos imprescindibles para la sociedad, ya que, hay que decirlo bien alto: ¡producimos alimentos!”, concluyen.

Reivindicación por el futuro del sector

"Claro que nos gustaría que cada vez más jóvenes se animen a ser ganaderos. Pero eso no se consigue sin que se impliquen tanto la administración como la distribución, que es hoy en día quien decide nuestros márgenes económicos, en caso de que nos deje tenerlos. No puede ser que en este sector, en el que hay que invertir tanto capital, nos estén sacando las cuentas para ver cuánto es lo mínimo que podemos cobrar por nuestro producto para no ahogarnos, con lo mucho que arriesgamos. 

Para que la gente joven siga trabajando en el sector debe haber un precio de la leche digno. Que nos permita vivir e invertir en nuestras granjas porque a nada que hagamos cualquier obra o cualquier compra de maquinaria, tenemos que afrontar inversiones bestiales y si no hay un margen suficiente estas inversiones no se pueden amortizar.

Creo que somos el único sector que no tiene opción de elegir a cómo compra materia prima, ni a cómo vende su producción. Nos gusta lo que hacemos y en nuestro caso no hemos partido desde 0, porque hacer esto desde 0 es inviable. La inversión que hemos hecho ahora con los robots y la nave nueva ya nos da miedo, pero nosotros disponíamos de naves para terneras y novillas, del campo, de los silos, la maquinaria y, pese a ello, al meternos en una inversión con estas cifras, tenemos miedo porque en este sector los precios son volátiles y en nuestro volumen, que no dejamos de ser una pequeña ganadería familiar, no estamos acostumbrados a hablar de millones de euros, que es lo que cuesta poder hacer unas instalaciones en condiciones para poder ser ganaderos toda la vida.

El campo y lo que hacemos hay que ponerlo en valor. Debería ser patrimonio de la Humanidad, intocable. Porque la industria, y sobre todo la distribución, que está intratable, solamente se preocupa por ajustar el precio al máximo a los que producimos, aunque perdamos,  aunque trabajemos 16 horas todos los días, sin festivos ni vacaciones, ese no es su problema. Esto para alguien joven no tiene ningún incentivo, vemos a gente de nuestro entorno trabajando 40 horas a la semana, y nosotros aquí metiendo más de 110, y ganando menos. Es normal que la gente elija la calidad de vida que ofrece un empleo de esos, y el sector se está quedando sin gente joven. Quién va a querer meterse en inversiones bestiales, necesarias para poder seguir trabajando, que le atan a trabajar todo el día como estamos nosotros, sin poder permitirse pagar un sueldo a un trabajador con quien repartirse el trabajo, pudiendo trabajar en una fábrica o ser funcionario, que hoy en día es la aspiración de muchos. ¿Qué incentivos ofrece este sector?", reclaman los hermanos Redin Barberena.

Al hilo de esta reivindicación de sus hijos, Dolores se queja de que “mucha gente piensa que los ganaderos viven de la PAC”, a lo que Unai, reforzando su queja, subraya que “si desapareciese, mejor”. “Que se pague el producto lo que realmente vale. La PAC no es para el campo, es para el consumidor, es para que los productos en el lineal estén baratos y la gente los pueda comprar. Nuestra realidad es que la PAC no es más que una herramienta de control sobre el campo. Que yo no digo que no nos tengan que exigir todo lo que se nos exige, pero que se pague por nuestros productos un precio que permita cumplir con todas esas exigencias que tenemos, y no que cobres lo que cobres, o cumples o te sancionan".

“Aunque esta no deja de ser mi humilde opinión, la de alguien a quien no le gustaría ser la excepción en el sector primario, la opinión de alguien que piensa que las cosas tienen que cambiar para que más jóvenes tomen las riendas de sus ganaderías familiares, y entre todos evitemos que este sector desaparezca”, concluye Unai.

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