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Las Tres Chimeneas
Redacción Revista Frisona

Las Tres Chimeneas

Visitamos esta ganadería de la provincia de Toledo para mostraros cómo trabajan

Cuando en el 2000 David de Blas Flores se hizo cargo de la granja que su padre, Joaquín, había creado 15 años antes, tomó el relevo del trabajo en la explotación, de la producción y del manejo del rebaño. Pero, sobre todo, tomó el testigo de su padre en la atención y cuidado de sus animales. Lo que hoy se llama bienestar animal y que siempre se ha practicado en Las Tres Chimeneas (Talavera la Nueva, Toledo), donde la ganadería no es una industria

1985, cuando todo empezó

Como en la mayoría de las ganaderías, el origen de esta granja es familiar. Joaquín y Victoria, los padres de David, compraron la finca en 1985 y poco después comenzaron con unas 15 o 20 vacas, que se sustituyeron por unas traídas de Alemania y Holanda en 1990, tras un vacío sanitario. Por aquella época David ayudaba en la ganadería de forma esporádica y es en el año 2000 cuando, tras realizar un curso de joven agricultor, se incorpora a trabajar con su padre. En 2010, con la jubilación de éste, se pone al frente de la explotación.

Con el nuevo siglo llegó la modernización de las instalaciones y el aumento del rebaño hasta las cifras actuales de más de 140 vacas en ordeño de un total de 300 animales que David maneja, junto a la finca agrícola, con la ayuda de dos empleados.

Manejo del rebaño: la alimentación

La ganadería dispone de 12 hectáreas en propiedad donde rotan los cultivos de maíz y de raigrás, del que hacen dos o tres cortes para ensilar. Ambos cultivos se dedican a la alimentación del rebaño según las raciones formuladas por el nutrólogo Santiago Tarazona en base a la disponibilidad de las materias primas. “La ración solo varía por el precio. Intentamos llevarla al mínimo coste posible para tener el máximo beneficio, que realmente es lo que estamos buscando”, afirma David.

Santiago Tarazona formula las diferentes raciones para las vacas en producción, para novillas y vacas secas, para los animales más jóvenes, que consumen unos 2 kg de la ración de producción más algo de fibra, y para las vacas en preparto, con una ración especial para prevenir retención de placenta, hipocalcemia, etc. El pienso lo preparan en la cooperativa San Francisco de Asís, de la que David es socio, siguiendo siempre las indicaciones de Tarazona, con quien trabajan desde hace 10 o 12 años. En estos años de colaboración han apreciado cambios positivos. Como apunta David: “siempre mejoras, pero creo que es también la evolución de todo el conjunto: de los animales, del manejo, de la vida, de todo… ahora haces cosas que hace 10 años no hacías, ni la genética que tenemos ahora no es la misma que teníamos hace 20 años”.

Vídeo: Visitamos Las Tres Chimeneas (Talavera La Nueva, Toledo)

El despegue de la selección

Si del año 2000 al 2010 se centraron en la mejora de las instalaciones y el crecimiento del rebaño, desde esa fecha el objetivo es la mejora de los animales. Para este programa de selección se basan en la transferencia de embriones, que hacen con Antonio Gómez Peinado desde 2012, cuando comenzaron a trabajar con la vaca Bos Bolton Trudy. De ahí a implantar embriones de una vaca roja importados de Canadá, como han hecho recientemente. Como nos explica David, el objetivo es intentar llegar al máximo rendimiento posible con el menor número de animales. “En mi opinión no consiste en crecer y crecer, hay que buscar rentabilidad. Si con los animales que tengo puedo sacar mil litros más, pues mejor será”, añade.

Producción y longevidad son los parámetros que buscan al planificar los acoplamientos, que se hacen con el asesoramiento de Diego Jerónimo (AFRICAMA), junto con otros rasgos como patas, ubre, etc. para conseguir, como dice David, la longevidad el día de mañana. “Tampoco vas a adelantar demasiado con mucha leche y vacas que no van a durar en la granja. Tienen que ser animales duraderos y productivos”, explica.

En cuanto al origen de la genética que emplea, David afirma que casi le da igual, aunque le gusta un poco más la norteamericana porque considera que van un poco por delante. “Yo tengo embriones de vacas de EE.UU. que en el año 50 eran excelentes y 10 generaciones después siguen dando vacas excelentes. Hay grandes familias detrás de los animales”, señala.

También tiene claro el uso de toros genómicos porque puedes empezar a usarlos antes. La genómica, en su opinión, no es una apuesta, es una herramienta muy avanzada y fiable que te permite avanzar mucho y muy rápido.

El semen sexado tampoco falta nunca en su tanque porque es el que utiliza para los embriones y en la novillas. No solo por tener recría, sino porque considera que para las novillas los partos de hembras son más fáciles que los de machos y su objetivo es evitar problemas de retenciones de placenta, infecciones, etc. que, en definitiva, es buscar también el bienestar del animal.

El reproductivo de la granja lo lleva Julián Núñez Jaraiz, veterinario de la ADS de San Francisco de Asís.

Genotipado + semen sexado + trasplante de embriones

Hace 3 o 4 años comenzaron a genotipar las hembras procedentes de embriones de las familias que más le gustan y de las que quiere hacer más embriones porque, como dice David, “con dos o tres flushings puedes obtener 15 terneras de una misma vaca en un solo año. Para conseguir eso tendría que estar aquí la vaca 20 años y 15 partos. Así se evoluciona mucho”.

Antes hacían los embriones de novillas, pero ahora han establecido un protocolo de genotipado, que es el primer filtro (“porque si es un animal bueno, pero luego no transmite, para qué vamos a hacer embriones”); luego la novilla se insemina con semen sexado y tras el parto se valora cómo es la ubre y si es correcta en general. Es entonces cuando se decide hacer o no embriones con ella. “Empezamos con el genotipado hace ya 3 o 4 años, siempre con la ayuda de Diego Jerónimo, porque genotipamos con CONAFE, y ya se nota la mejora con los animales de esas familias especiales”, dice David en referencia a las familias de Bos Bolton Trudy y de Bos Igniter Rose, que son con las que más está trabajando.

Al principio los embriones que implantaban fueron comprados, pero luego ya casi todos son de la propia ganadería, salvo el de la roja que han traído de Canadá. Tampoco los venden, sino que los congelan para ir poniéndolos según los necesiten. Para David es la manera de tener de forma rápida animales de la familia que le gusta, “y la verdad que se nota, luego ves que son animales distintos” afirma.

“Todas las hembras producto de trasplantes de embriones de las familias que más nos interesan se identifican con la chapa azul para inseminaciones, etc. Están genotipadas mediante prueba del cartílago que se extrae con una tenaza especial que deja un botón blanco en la oreja”.

El acoplamiento no es menos importante

En el rebaño de La Tres Chimeneas no hay problemas de consanguinidad porque hay toros que en el programa de acoplamientos directamente no entran. David elige los sementales que más le interesan y Diego Jerónimo le dice cuáles de esos son los más indicados en cada vaca. En cualquier caso, a David no le gusta usar muchos toros; unos dos o tres durante 8 o 9 meses, así cuando nace la recría ve con más facilidad lo que tiene realmente con 40 novillas de un mismo toro. Al año siguiente, cambia de semental. Como ha dicho antes, David tiene pocos toros en el tanque: dos o tres para las vacas y otro par sexado para las novillas. Para los embriones sí que eligen más dependiendo de lo que busque en ese momento. “Por ejemplo –explica David– tengo la familia de Trudy, que es muy productora en leche y entonces bajo un poco ese parámetro y busco más tipo. Por eso en embriones depende de lo que queremos “fabricar”, siempre con la ayuda de Diego, que es mi asesor. Pero sin olvidar que, en esto, 20 + 20 no siempre son 40”.

Y sin olvidar el manejo, que es importante, aunque la base del animal es la genética. Como explica nuestro anfitrión, “si tengo vacas que conviven con otras en el mismo establo, con la misma ración, tratadas por las mismas personas y una da 70 litros al día y la otra da 40… lo que influye realmente es la genética”.

Programa de salud podal

La ganadería colabora en el Programa de Salud Podal de CONAFE (I-SAP) con los datos que recoge su podólogo, Javier Sáez, en las visitas rutinarias a la explotación. Para David, cuantos más datos se tengan, mejor para todos. En su opinión, puede haber una vaca que no ha entrado nunca en el potro ni ha tenido dermatitis o cojeras y nunca ha necesitado arreglos; otra vaca, sin embargo, entra al potro tres veces al año, como le sucedía a su madre, así que se ve que esa familia tiene un problema podal. En Las Tres Chimeneas, por norma, se hacen baños dos veces en semana (martes y jueves), un día con hipoclorito sódico y otro día con sulfato de cobre. Además, hacen recorte preventivo a las vacas que lo necesitan. Este protocolo seguido por Saéz hace que la salud podal del rebaño sea buena. Para conseguir longevidad, la genética y el manejo son imprescindibles junto a la morfología, porque las vacas con malas patas o mala ubre no van a durar en el establo.

Gestión de residuos y emisiones de carbono

David entrega la leche a la Cooperativa San Francisco de Asís y de allí la recoge Danone. Esta central lechera visita las granjas con las que trabaja para medir y controlar las emisiones de CO2, la comida que utilizan, las instalaciones, etc. “Yo lo veo bien –afirma David– más que nada porque la gente está muy confundida, que si las vacas producen mucho CO2, que si el metano… Tenemos que dar la imagen de que intentamos hacerlo bien para contaminar lo menos posible. Si producimos 10 toneladas de estiércol es porque no puedes hacer otra cosa, no le vas a poner un tapón a la vaca… lo único que se puede intentar es lo que estamos haciendo, mejorar y tener las menores emisiones posibles”. Con los residuos, de momento, no tienen problema porque utilizan una parte como abono y otra parte la recogen terceros. Están también a la espera de la creación de una planta de biogás en Talavera, que les recogería el estiércol.

La recría

Para David y su padre la recría es muy importante porque “es la raíz de la planta que luego te tiene que dar los frutos”, así que cuanto más se cuide de pequeña, mejor productora será. Las terneras pasan los 4 o 5 primeros días de vida en boxes individuales y luego las juntan en casetas por parejas, para que no estén solas, y a partir de los 30 días, van a grupos para que socialicen. De nuevo el bienestar. Como explica Joaquín, procurando siempre que el tamaño entre ellas sea muy igualado, que es fundamental; que no pasen hambre ni tengan miedo. Por eso tienen muchos parques y apartados.

¿Bienestar animal? ¡¡Diversión animal!! Las terneras tienen colgada del techo de su corralito una pelota a la que se pasan horas dando cabezazos.

“Siempre he tenido a la recría como algo especial –cuenta David–. Por ejemplo, no doy leche de vacas enfermas, la tiramos toda. Usamos un calostrímetro para medir la calidad del calostro y si no tiene el parámetro mínimo de calidad, se desecha. Luego, durante 4 o 5 días, toman leche de vaca y al 5º o 6º día pasan a leche en polvo y así hasta que las destetamos”. Entre los 15 o 16 meses de edad, dependiendo del tamaño, se inseminan para que lleguen al primer parto, de media, a los 25 meses. Siempre usando semen sexado por la facilidad de parto.

El preparto

Cuando faltan 20 o 25 días para parir, las vacas pasan al corral de preparto con una ración especial –parte de la ración de producción, parte de la ración de secas y minerales– para que se vayan adaptando para el periodo en lactación. También están apartadas porque es más fácil controlarlas, aunque tienen un circuito de cámaras que les permite visualizar en todo momento diferentes espacios de la finca, en el ordenador y en el móvil. Al control hay que añadir la comodidad, porque no hay que andar buscándolas por los patios, y también por el cuidado del ternero, para darle el calostro cuanto antes, aunque tienen calostro congelado por si lo necesitan.

Amplias y cómodas instalaciones

Una de las ventajas de Las Tres Chimeneas es la disponibilidad de terreno, que les permite tener numerosos parques, lo que significa espacio y comodidad para los animales. David nos cuenta que tienen dos parques para las vacas en lactación con capacidad para unas 70 cabezas cada uno, en cama fría. A estos hay que añadir el parque de vacas secas, el de preparto y los parques de las terneras y novillas, que pueden ser unos 9 para las distintas edades. La cama fría está en todos los parques; pasan frecuentemente el rotavator, la tienen aireada y en buenas condiciones y nunca han tenido problemas de mamitis ni células somáticas. “Creo que los animales están más a gusto sueltos en la nave en vez de en cubículos; aunque estén más sucias, están más cómodas”, afirma David. “Aunque no me gustan –continúa– por temas de limpieza, veo bien los cubículos. A lo mejor el día de mañana los pongo, no lo sé”.

La sala de ordeño es de 8 x 2 en espina de pescado, con retiradores automáticos y un programa que envía los datos de producción al ordenador. Alguna vez se han planteado poner robot de ordeño por la mano de obra, que como afirma David “es un factor que va a influir mucho en la ganadería porque cada vez hay menos y menos implicada”, aunque la inversión que hay que hacer sigue pesando en la decisión.

Disponen también de ventiladores, duchas y difusores en varios puntos, como los comederos y la sala de espera. Son más medidas encaminadas al bienestar animal, pero no son medidas especiales que hayan tenido que implantar obligados por la normativa. Como recalcan ambos ganaderos, realmente llevan ya mucho tiempo con ellas y tanto instalaciones como animales están en buenas condiciones. “Los primeros interesados y preocupados por el bienestar de los animales somos los ganaderos; los más interesados en que las vacas estén bien y den leche somos nosotros”, subraya David.

La producción

En estos momentos, la producción está sobre 36-37 litros por vaca y día en dos ordeños, al 4,10% de grasa y 3,50% de proteína. Consideran que es una buena media y prefieren no forzarlas con un tercer ordeño, si es que este les resultara económicamente rentable.

Como hemos mencionado antes, entregan la leche a la Cooperativa San Francisco de Asís, que a su vez la envía a varias industrias: Reider, García Baquero y Danone. La cooperativa hace media de todos los precios y paga un precio único a todos los socios. Con un coste de producción del litro de leche entre 0,33 y 0,35 euros, en estos momentos están cobrando para cubrir costes.

El caballo de batalla: precio de la leche

A la pregunta de si considera el precio uno de los mayores problemas de los ganaderos, David responde categórico “sí, porque con el precio que están pagando las centrales, no se está valorando realmente todo lo que hay aquí. Muchas veces las mismas centrales y la administración te obligan a hacer inversiones que antes de acabar de pagarlas, tienes que empezar con otras. Y tienes que seguir adelante. Una de dos: o sigues haciéndolo o retírate. Creo que por eso muchas granjas están abandonando y, de aquí en adelante, lo harán muchas más, porque con el precio de la leche que tenemos ahora mismo no puedes hacer todo lo que se exige”.

¿Quién es el responsable de esta situación? Pues según David, todos los eslabones de la cadena tienen su parte de culpa. “Creo que tiene que ir todo de la mano, afirma: el consumidor, el ganadero, las centrales… Ahora está muy de moda el bienestar animal y el consumidor quiere leche y que las vacas y las terneras estén a gusto –afirma–. Pues muy bien, lo estamos haciendo. El consumidor puede beber leche de animales con un bienestar espectacular, pero eso tiene un coste y el consumidor tiene que pagarlo; no puede pretender pagar la leche en España al coste de producción de Nueva Zelanda. Pero el consumidor solo tampoco tiene la culpa, si le subes el precio 3 céntimos creo que no va a decir nada y puede parecer una tontería, pero 3 céntimos para nosotros suponen poder seguir funcionando o no. La guerra está en la distribución, que moviendo los precios y utilizando la leche como reclamo, hace que el consumidor se mueva de un producto a otro. Si luchamos por algo, tiene que ser todos en conjunto”. Y para demostrar que es posible, David apunta el caso de la distribuidora francesa Aldi, que recientemente ha anunciado su compromiso con una mejor remuneración para los productores de leche galos: hasta los 370 euros por 1.000 litros de precio base.

Tanto David como su padre opinan que es necesario mostrar al consumidor cómo se están haciendo las cosas, que los animales están cómodos, bien alimentados y tratados. Pero hay que mostrar también que mantener esas buenas condiciones tiene un coste que es imposible cubrir si la leche se vende en los lineales a 50 céntimos. “El consumidor, la sociedad, tiene que saber que los ganaderos de la Unión Europea, y esto es cuestión de la administración, tenemos que cumplir unas normas muy, muy estrictas que no se exigen a los productos que se importan –añade–. Hay que conseguir que cuando venga leche de fuera, se le exijan los mismos controles que nos exigen a nosotros en células somáticas, calidades, bienestar animal, etc. No puedes competir con eso”.

“La ganadería no es una industria. (A los animales) hay que alimentarlos, cuidarlos, convivir con ellos, tenerles afecto”.

Los retos del sector

Hemos hablado del problema de la mano de obra y del precio de la leche, pero a los retos a los que se enfrenta el sector lácteo hay que añadir la necesidad de que la gente se conciencie de lo que es el trabajo con animales. “La ganadería no es una industria –explica David–. Son animales, no es venir a la granja y correr; hay que alimentarlos, cuidarlos, convivir con ellos, tenerles afecto. Cuando vino Danone a inspeccionar el bienestar animal, uno de los puntos que calificaron fue la huida de los animales: si al entrar en el corral los animales se dejan tocar; si no se dejan tocar es porque hay algún problema en la granja. También inspeccionan el nivel de CO2 en las naves, si están bien ventiladas; el estado de los animales pequeños, que se descuerne bien, a su edad, con anestesia, con cauterizado y no con sosa, como se hacía antes. Son todas medidas de bienestar que se están aplicando y que la gente debe conocer”.

En la brecha después de más de 20 años

Le preguntamos a David si, después de más de veinte años, se alegra de haber decidido quedarse en la ganadería, a lo que responde riendo que hay días que sí y días que no. “Si estoy aquí es porque me gustan los animales –concluye– pero hay días que pienso que no está compensado el tiempo que dedico; el trabajo y la inversión que he hecho para sacar el mismo sueldo de una persona que llega el viernes y aparca el coche. Y yo tengo que trabajar sábados y domingos y días hasta las 11 o 12 de la noche porque hay una vaca de parto y no puedes, ni quieres, dejarla sola”. Mucho trabajo, mucha inversión y mucho gasto en mantenimiento. “Los precios de la maquinaria, por ejemplo, han evolucionado con el precio del mercado, pero la ganadería no. Ahora un tractor cuesta 120.000 euros y hace 25 años costaba 8.000.000 de pesetas. Sin embargo, la leche hace 25 años valía 55 pesetas y hoy vale 0,33 euros. El precio de la leche se ha quedado estancado y nos han obligado a ir a más animales y mayores producciones para poder vivir”, enfatiza.

Los planes de futuro

La intención de David a corto plazo es no aumentar el tamaño del rebaño, mantener la granja como está, y en el futuro cercano, tal vez, ver la posibilidad del robot de ordeño. “Por lo que decía de la mano de obra –afirma–, que es una gran zancadilla que nos obligará a todos a ponerlos”.

“No sé lo que va a pasar –continúa–. Con el precio de la leche el futuro es incierto y si pongo robot, me tengo que endeudar 10 años. La verdad es que los precios están duros y si siguen así, hay mucha gente que va a abandonar. La cuestión es a quién vender las vacas, quién va a comprar una granja… Tienes mucho años de inversión, mucho dinero metido que al final no vale para nada”. “Pero el objetivo, si la salud y los precios me lo permiten, es seguir aquí”, finaliza David, no sin antes incidir en que ganaderos, industria, distribución y consumidor tienen que ir de la mano para poder continuar y que la ganadería no desaparezca. Y que los gobiernos intervengan para establecer precios mínimos que garanticen la supervivencia del sector.

La opinión de Joaquín

Joaquín ahora disfruta de sus visitas diarias a la granja para ver a sus animales y echar una mano a su hijo. Antes de empezar en Las Tres Chimeneas, en el 85, Joaquín trabajó 25 años como primer comprador, recogiendo leche para Frixia. “Recogía 5.000 litros diarios en 50 o 60 granjas, pagaba a 58-59 pesetas el litro y los ganaderos vivían. Hoy, nosotros estamos entregando 5.000 litros y cobramos la leche a 3 o 4 pesetas menos…”, recuerda. A lo largo de varias décadas

Joaquín ha visto evolucionar su ganadería en instalaciones, producción, rebaño y maquinaria. “Es el capital que tenemos, en el banco no hay un duro. Aún así es una satisfacción que David se haya quedado en la granja”, afirma orgulloso.

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