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#RealidadGanadera FEDEROVO: A propósito de las macrogranjas
Redacción Revista Frisona
/ Categoría: Noticias, Empresas

#RealidadGanadera FEDEROVO: A propósito de las macrogranjas

Campaña en la que colabora CONAFE junto a otras instituciones ganaderas

En los últimos días, se ha iniciado un fuerte debate sobre el modelo de producción ganadera y la contraposición entre ganadería extensiva e intensiva. Actualmente, en los debates públicos, la inmensa mayoría -y decimos inmensa para no caer en el mismo error que queremos resaltar-, es sin duda la simplificación absoluta del debate, llegando a ofrecer solo razones indiscutibles, que apoyan los argumentos de una y otra parte.

Estos debates no tienen puntos medios, o son de un extremo o lo son del otro: o extensivo o cría industrial. Es como, si en una escala de blanco a negro, borrásemos los grises del mapa, de modo que, toda discusión, sea cual sea el tema, se asemeja a una competición para anular al oponente, más que a una confrontación en busca de soluciones para alcanzar avances y mejoras sobre el tema en cuestión.

Esta manera de conformar la opinión pública a través de una comunicación, basada en simples y breves eslóganes e ideas «sencillas”, se acerca mucho a una lucha «maniquea» entre el Bien y el Mal, que hurta del debate muchos aspectos, algunos de ellos esenciales a la hora de analizar cualquier tema. Aquí, el éxito de una postura u otra está ligada, no a razones objetivas, sino a matices secundarios, ajenos al debate, como son el grado de afinidad con el “opinador” de turno, la idoneidad de los eslóganes (en este caso el uso de una palabra como “macrogranja”), el distanciamiento de la ciudad y el mundo rural, la tendencia antropocéntrica del pensamiento que sitúa al ser humano como medida y centro de todas las cosas, etc.

Volviendo al título de esta reflexión, “A propósito de las macrogranjas”, debemos aclarar en primer lugar, que tal término no existe en la legislación y ordenación que regula la producción de alimentos, por lo que ya empieza a ser complicado argumentar, ya sea para bien o para mal, sobre algo que no está definido y por tanto varía entre una persona y otra, según  lo que cada uno entiende como “macrogranja”. Término que transmite una imagen peyorativa, ya que hace mención a un tamaño excesivo, pero sin acotar.

Ocurre lo mismo con otros conceptos como ganadería tradicional, extensiva, intensiva o industrial, con percepciones muy distintas entre la gente más urbanita, o la más cercana al mundo rural.

El bajo nivel de la discusión, es altamente eficaz para conformar “opinión pública” a favor o en contra. Pero esta discusión “simplista” es absolutamente estéril para dar luz a un debate, por otra parte, muy necesario, para configurar el futuro de la producción de alimentos, sobre qué es lo que demanda realmente la sociedad, ya que es esta y no la clase política, quien al fin y al cabo, determinará el futuro con sus actos de compra. Y también dirá cuánto está dispuesta a pagar por esos cambios, ya que lógicamente algunos de estos pueden llevar aparejado un encarecimiento de los alimentos.

Nos hubiera gustado que los diferentes tertulianos y expertos hubieran incluido en sus discursos la realidad ganadera en España, conformada en sus diferentes aspectos actuales, gracias a una mezcla de tradición, experiencia y muchos años de aprendizaje científico-técnico, junto a la incorporación de nuevos aspectos como la sostenibilidad, el bienestar de los animales o la minimización del impacto medioambiental.

A esta realidad, no es ajena la todopoderosa “oferta y demanda”: la supervivencia económica de los ganaderos y agricultores, está en producir ajustándose a la demanda real y así satisfacer a las diferentes tipologías de consumidores, ya sea por poder adquisitivo, razones culturales, geográficas, etc.  

La realidad es que, la actual agricultura y ganadería en España, está conformada por diferentes sistemas de producción, desde los más extensivos y tradicionales (podemos estimar entre de un 10 a un 20%) a sistemas intensivos, más modernos y tecnificados (entre 80 y 90%). Intensivo no es, ni mucho menos, sinónimo de «mala calidad», como se puede interpretar de manera simplista, ya que toda esta intensificación está marcada por la adopción de los estándares de calidad que demandan los consumidores de la Unión Europea. Y no olvidemos que dichos estándares son los más altos y exigentes del mundo, incluidos muchos aspectos de seguridad alimentaria, bienestar animal y sostenibilidad, que se han incorporado en los últimos años.

Toda la producción agraria se rige por estrictas normas y diversos controles que garantizan la calidad de todos los alimentos que se comercializan, y por supuesto también, que estos son producidos cumpliendo la muy exigente legislación y regulaciones de la UE, que como ya hemos comentado, son las más exigentes del mundo.

Como ejemplo del punto anterior, que es además uno de los argumentos repetidos en contra de la ganadería, es el empleo de antibióticos en animales de abasto. La salud y el bienestar de los animales son un componente fundamental de la seguridad alimentaria y cuando hablamos de producción de alimentos de origen animal, esta debe comenzar en la explotación ganadera. Para proteger la salud del consumidor, existe todo un sistema de control del uso de antibióticos, desde la obligatoriedad de una autorización previa por las diferentes Agencias del Medicamento, que garantizan la seguridad y eficacia del mismo, la obligación de la prescripción veterinaria, la anotación de los tratamientos en los libros de registro de las granjas, y el estricto cumplimiento de los periodos de espera, etc.

El resultado de todos estos controles es en palabras de EFSA en su último Informe publicado en marzo de 2021 sobre los datos de 2019: “se mantiene un elevado nivel de cumplimiento en torno al 99,7% de la legislación actual sobre la presencia de residuos de medicamentos veterinarios en animales y productos de origen animal, alcanzándose así una elevada cota de seguridad alimentaria en esta materia, de manera similar a los resultados constatados en los 11 años anteriores”.

Otro aspecto que se achaca a la ganadería, es el impacto medioambiental. Sobre este asunto, debemos poner en valor el continuado esfuerzo en introducir mejoras en los procesos de trabajo, con la adopción de inversiones en MTD’s o Mejores Técnicas Disponibles, que hacen que cuando se analiza en perspectiva el impacto medioambiental, se pueden ver las mejoras obtenidas.

Como ejemplo, y hablando del sector del huevo, valorando los contaminantes más importantes en avicultura de puesta, en los últimos 35 años se han reducido las emisiones de amoniaco (NH3) y los óxidos de nitrógeno (NO, NO2, N2O) en un 33% por docena de huevos producida. Han sido muy destacables también las mejoras en el balance de nitrógeno (N) en + 17,3% y el de fosforo (P) con un +79,5%.

Todos los sectores ganaderos han realizado esfuerzos similares para introducir las mejoras enfocadas a la reducción del impacto medioambiental, consiguiendo resultados sustanciales en la reducción de GEI’s. Estas mejoras se han conseguido de la manera en la que están acostumbrados nuestros sectores: trabajando día a día, sin grandes aspavientos ni declaraciones grandilocuentes. Y además de estos avances, existe un claro compromiso generalizado en continuar mejorando, para avanzar día a día en este terreno.

Sobre sostenibilidad e impacto medioambiental, existe una creencia generalizada sobre que los sistemas extensivos son claramente más respetuosos con el medioambiente. Si bien esto puede ser cierto, por ejemplo, en la conservación de los suelos o biosistemas, en otros casos esta creencia puede ser totalmente errónea o al menos muy discutible.

Sin dejar el ejemplo de la avicultura de puesta, según estudios de la Universidad de Wageningen (Países Bajos) la producción de huevos en jaula genera 2,2 Kg. de equivalente de carbono/Kg. de huevos. Mientras que los sistemas de camperas, donde las gallinas salen a un parque exterior, producen 2,75 Kg. de equivalente de carbono/Kg de huevos. La principal razón es sencilla: una gallina en jaula precisa 2 Kg. de pienso por Kg. de huevos, mientras que para una ecológica/campera son 2,6 Kg para producir el mismo Kg de huevo.

Estos son solo algunos ejemplos de falsas creencias y argumentos que dificultan y desenfocan el verdadero debate, que no es otro que definir el modelo de producción de alimentos capaz de cubrir la necesidad para alimentar a la población actual y futura, con el menor gasto de recursos, de la manera más sostenible para nuestro planeta y minimizando el impacto medioambiental, para contribuir a la reducción de emisiones necesarias. En definitiva, producir más con menos.

Como conclusión, es muy necesario llevar a cabo un debate serio y basado en el conocimiento actual, y no en opiniones, ideologías o directamente pura ignorancia. El maniqueísmo de hoy es fuerte, porque ofrece al público soluciones «fáciles» y se prescinde del esfuerzo individual, las dudas y los inevitables errores de todo razonamiento y decisiones que tiene que afrontar una realidad, muchas veces compleja y rápidamente cambiante, que es la de nuestra época.

Combatamos esta “moda” con rigor, información y compromiso.

Federación Española de Empresas del Sector de la Producción de Huevos y Ovoproductos (FEDEROVO)

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