Una nueva encuesta analiza los hábitos y aspiraciones alimentarias de los europeos: quieren comer mejor, pero por qué no lo hacen
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Remitido.- Comer mejor es una de las aspiraciones más extendidas entre los ciudadanos europeos. Sin embargo, sigue existiendo una brecha significativa entre las intenciones y la realidad. Esta es la paradoja que destaca el nuevo informe del EIT Food Consumer Observatory, titulado «Europa quiere comer mejor, ¿por qué no está ocurriendo?«, basado en una encuesta que involucró a unos 20.000 consumidores en 18 países europeos.
Según el estudio, más de la mitad de los europeos (51%) afirman que les gustaría mejorar su dieta. Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas personas se enfrentan a obstáculos concretos. El coste de la comida, los hábitos arraigados y las limitaciones de la vida diaria son las principales barreras, especialmente entre las generaciones más jóvenes.
La brecha entre percepción y realidad
Uno de los hallazgos más interesantes tiene que ver con cómo las personas perciben su propia dieta. Solo el 14% de los europeos dice estar insatisfecho con sus hábitos alimenticios. Esto significa que la gran mayoría cree que su dieta es en general adecuada. Sin embargo, emergen claras diferencias generacionales. Entre las personas mayores de 55 años, solo el 11% expresa insatisfacción, mientras que la proporción sube al 18% entre los menores de 35. En otras palabras, los consumidores más jóvenes parecen más críticos con sus hábitos alimenticios y más dispuestos a cambiarlos.
La percepción de la calidad de la dieta también parece estar mejorando ligeramente con el tiempo. El porcentaje de europeos que creen comer de forma poco saludable bajó del 17% en 2024 al 15% en 2025. Al mismo tiempo, la proporción de quienes no están de acuerdo con la afirmación «Como sano» disminuyó del 21% al 17%. Sin embargo, estas percepciones contrastan con la realidad del consumo de alimentos. A pesar de esta autoevaluación relativamente positiva, la ingesta de alimentos saludables específicos sigue siendo insuficiente. Solo un poco más de la mitad de los europeos afirman consumir suficientes verduras, y ha habido un descenso del 2–4% en la percepción de adecuación de varios alimentos considerados saludables.
En particular, muchos consumidores informan de no consumir suficiente fibra, frutas, verduras y proteínas de alta calidad. Al mismo tiempo, los europeos son muy conscientes de los riesgos asociados a una dieta desequilibrada. La mayoría reconoce que los alimentos grasos, salados y altamente procesados son poco saludables. Sin embargo, solo alrededor de un tercio de los consumidores dice que intenta evitarlos activamente.
Diferencias generacionales, pero la salud sigue siendo la principal motivación
El estudio destaca diferencias generacionales significativas en los hábitos alimenticios. Los consumidores más jóvenes muestran un interés creciente en la proteína: el 44% de los menores de 35 años dice que quiere aumentar su ingesta de proteínas. Entre las personas mayores de 55 años, este porcentaje baja al 22%. Los consumidores mayores, en cambio, tienden a comer más frutas y verduras y a cocinar en casa con más frecuencia. Este patrón dietético más tradicional también se asocia con una mayor atención a la reducción del desperdicio alimentario.
Sin embargo, cuando los europeos consideran cambiar su dieta, la principal motivación sigue siendo la salud. Este factor supera a otros elementos que se mencionan a menudo en el debate público, como la asequibilidad de los alimentos o la sostenibilidad medioambiental. Por tanto, el deseo de sentirse mejor, prevenir enfermedades y mejorar el bienestar general es, por tanto, el principal motor del cambio en la dieta. Al mismo tiempo, esta aspiración choca con limitaciones muy concretas: el coste de la comida, el tiempo limitado para cocinar y, sobre todo, hábitos profundamente arraigados.
La sostenibilidad perdiendo terreno
Otro hallazgo importante se refiere a la sostenibilidad. Solo el 48% de los europeos dice que come de forma sostenible. Aún más llamativo es la disminución del interés por los llamados estilos de vida sostenibles. La proporción de europeos que dicen querer adoptar comportamientos más respetuosos con el medio ambiente ha caído del 76% en 2021 al 69% en 2025.
Este cambio también se refleja en las elecciones alimentarias. En los últimos años, se ha debatido mucho sobre la necesidad de reducir el consumo de carne por motivos climáticos, pero los datos sugieren que este mensaje está perdiendo fuerza entre los consumidores. La atención al impacto ambiental de las compras de alimentos está disminuyendo, y el interés por dietas que implican consumir menos carne parece hoy significativamente más débil que hace solo unos años.
Entre los comportamientos sostenibles más extendidos, destaca reducir el desperdicio alimentario. Más del 80% de los europeos de 55 años o más dicen que intentan activamente evitar tirar la comida. Otros comportamientos observados incluyen cocinar más a menudo en casa, comprar productos locales, elegir alimentos tradicionales y cultivar parte de la propia comida. Curiosamente, en este último punto, son los jóvenes los que destacan: el 28% de los menores de 35 años dice que cultiva su propia comida, frente al 15% de los mayores de 55.
¿Por qué es tan difícil cambiar de dieta? Una paradoja europea
El informe sugiere que el problema no es solo el acceso a alimentos saludables, sino también la complejidad de las elecciones alimentarias en la vida cotidiana. Como explicó Klaus G. Grunert, profesor de marketing en la Universidad de Aarhus y director del EIT Food Consumer Observatory: «Para convencer a la gente de cambiar su dieta, especialmente de formas más respetuosas con el clima, los principales motores de las elecciones alimentarias, es decir, el sabor y el precio, deben estar mejor conectados con opciones saludables y sostenibles.» Grunert también destaca un punto clave: «Las soluciones deben ajustarse a las verdaderas limitaciones de la vida de las personas, no solo a sus aspiraciones.»
En conjunto, el informe revela una clara paradoja. Los europeos dicen que quieren comer mejor, y muchos creen que ya lo hacen. Sin embargo, los hábitos alimenticios reales cuentan otra historia. La brecha entre intenciones y comportamiento sigue siendo grande. Comprender esta carencia es esencial para diseñar políticas alimentarias efectivas. Sin tener en cuenta las dinámicas reales que moldean las decisiones del consumidor, incluso las mejores estrategias nutricionales corren el riesgo de ser poco más que buenas intenciones.
Fuente: New survey looks at European eating habits and aspirations: Europeans want to eat better. So why don’t they? | European Livestock Voice
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