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Redacción Revista Frisona

Goodbye cows, el documental que revela el trágico futuro que nos espera si desapareciesen las vacas

#RealidadGanadera es una campaña en la que colabora CONAFE

Goodbye Cows es el documental que la interprofesional del vacuno de carne de España, PROVACUNO, ha realizado para escenificar las consecuencias de un mundo sin vacas. El documental, basado en hechos científicos contrastados y de diferentes fuentes, busca dar respuesta con argumentos del impacto real de la ganadería de vacuno de carne en el medio ambiente, del problema del despoblamiento en el medio rural y del consumo de carne para la salud. El documental que puede verse en goodbyecows.com muestra el interés, puramente económico, de los fondos de inversión por modificar la percepción y hábitos de consumo de la ganadería y la carne en el planeta.

La eliminación total de la ganadería supondría un verdadero triunfo para los fanáticos de los derechos de los animales y algunos ecologistas urbanos. Pero ¿es esa la solución a todos nuestros problemas? ¿Son las vacas y no las industrias, ni los combustibles fósiles las principales contaminantes del planeta? Actualmente, parece que las vacas son el enemigo público número uno en los medios, las únicas responsables del cambio climático.

En el emocionante documental “Goodbye Cows”, el profesor Frédéric Leroy, del Grupo de Microbiología Industrial y Biotecnología Alimentaria de la Universidad de Bruselas, clarifica uno de los asuntos más complejos y controvertidos a los que nos enfrentamos. “A día de hoy, las vacas son vistas como los animales más destructivos del planeta. –comienza diciendo en su entrevista el profesor Leroy – Emiten gases de efecto invernadero, utilizan mucho suelo y una enorme cantidad de agua, y compiten con nosotros por la comida. Esta desinformación está influenciando las decisiones políticas a los más altos niveles. Pensemos simplemente en la dieta EAT – Lancet, propuesta como la mejor dieta para la salud humana y del planeta. Se trata de una dieta semi-vegetariana cuyas insignificantes cantidades de carne resultan insuficientes para garantizar que se cubran las necesidades. Se han propuesto impuestos a la carne e incluso la exclusión de carne en los menús escolares, cantinas, o eventos públicos, invitando a un menú completamente vegetariano. Pero implementar esta dieta en todo el mundo sería un desastre”.

Nos enfrentamos a puros intereses económicos, que intentan reemplazar la proteína animal por proteína vegetal de alimentos artificiales ultraprocesados. Algunos grandes inversores financian esta actividad, como la carne cultivada en laboratorio o la falsa carne compuesta de vegetales. Como explica Fernando Estellés, de la Universidad Politécnica de Valencia, estos inversores tratan de modificar nuestra manera de pensar y nuestro modo de vida, e influenciarnos a nivel social, político, y legislativo.

Entrevista a Fernando Estellés, rompiendo mitos sobre la contaminación que emiten las vacas, para la revista Frisona Española: "La ganadería va a seguir existiendo como actividad estratégica"

A menudo el bienestar animal y la sostenibilidad se emplean como argumentos, culpando a nuestro consumo de carne de destruir el planeta y nuestra propia salud. “Hay que tener en cuenta que el metano emitido por los animales y el CO2 emitido por los combustibles fósiles no tienen el mismo efecto. – explica Fernando Estellés – El metano de los animales permanece en la atmósfera durante 10 años. Así que, efectivamente calienta el planeta, pero desaparece pasados esos 10 años. Entonces se transforma en CO2 que absorben las plantas a través de la fotosíntesis. Los animales comen plantas, por lo que ese metano es parte de un ciclo biogénico muy corto. Por el contrario, cuando extraemos carbono nuevo de los combustibles fósiles que permanecen en la atmósfera durante miles de años, estos continúan calentando el planeta. De manera que la comparación no se sostiene, dado que el metano de los animales se recicla en 10 años mientras que el CO2 de los fósiles combustibles continúan calentando el planeta durante cientos de años”.

“Si eliminamos el ganado vacuno, perdemos un sistema antiquísimo de coevolución entre seres humanos y animales. – continúa Leroy – Si nos deshacemos de todas las vacas, ¿qué pasará con los pastos? ¿Qué ocurriría con todos los ecosistemas? Eliminar el ganado es una idea fanática y poco realista que conlleva efectos destructivos”. Un ejemplo es la Dehesa, un sistema multifuncional y agrosilvopastoril, que es un paisaje cultural del sur y centro de España y sur de Portugal, y con gran capacidad para absorber carbono del entorno.

Si eliminamos a estos animales, perdemos esta capacidad. Así, la película muestra un escenario hipotético de un mundo sin animales en 2036, con un campo abandonado y despoblamiento rural. “Si desaparecieran 115.000 familias ganaderas, las zonas rurales se abandonarían por completo, con el consiguiente declive demográfico. La mayor parte de la producción de carne se concentra en las zonas marginales de montañas medias y altas, que ya tienen serios problemas de despoblamiento,” dice Edelmiro López de la Universidad de Santiago de Compostela, explicando la importancia de la ganadería, en la mejora de las tierras marginales y en la conservación del paisaje, evitando la inestabilidad hidrogeológica y asegurando un medio de vida para las familias rurales. Con la pérdida de la ganadería, perdemos parte de nuestra cultura, nuestra historia y nuestras tradiciones. “Si los animales no pastan, los pastizales serán transformados en bosques, con vegetación más leñosa, con árboles y arbustos. Estos están asociados con mayor riesgo de incendios. – apunta Sonia Roig de la Universidad Complutense de Madrid – Para mantener un buen estado del territorio, el pasto y el cuidado de los granjeros es necesario. Pero el número de cabezas de ganado que tenemos a día de hoy no es suficiente para mantener todos nuestros territorios de interés”.

La película también aborda el problema de la pérdida de la selva amazónica como consecuencia del cultivo de soja para animales, precisando en primer lugar, que más del 80% de lo que come una vaca es totalmente incomible para nosotros. Por lo tanto, no existe competición por la comida, ya que las vacas comen forrajes, heno, hierba y subproductos ricos en celulosa que los humanos no podemos digerir, transformándolos en productos de origen animal con alto valor nutritivo. Así, no son las vacas quienes alimentan esos fuegos de cultivos de soja.

Por el contrario, la ganadería mantiene el campo y reduce el riesgo de incendios. Maria Diago, experta en medioambiente, habló sobre la tendencia de las comidas veggie, tales como el tofu y el seitán, que favorecen los procesos industriales, la destrucción de bosques y de ecosistemas naturales. En su trabajo, analizó 15 indicadores de sostenibilidad específicos del sector gastronómico, cubriendo el consumo real de recursos naturales. El consumo de agua es uno de los puntos más críticos, hasta tal punto que se acusa a la producción de carne de ser la actividad que más agua consume.

Pero incluso en esto, los tan comentados 15.000 litros de agua necesarios para producir 1 kilo de carne es una noticia falsa, aunque difícil de olvidar. “Cuando hablamos de litros de agua para producir carne, no debemos pensar en el agua que beben las vacas, que es prácticamente residual. – continúa Fernando Estellés – Existen tres tipos de agua, verde, azul, y gris. El agua verde representa el agua de lluvia. El agua azul es aquella que extraemos de los acuíferos, y es la más peligrosa ya que afecta a las reservas de agua. El agua gris es la que contamino con mis actividades. En ganadería, el 90% del agua que se utiliza es agua de lluvia, que retorna al ciclo del agua sin tener un impacto real en el medioambiente y el ecosistema”.

"Las vacas no se tiran pedos", un monólogo científico de Fernando Estellés que rompe mitos sobre la contaminación que emiten las vacas

Considerando entonces el despoblamiento rural, la pérdida de biodiversidad, y el cambio climático, ¿son las vacas las enemigas del planeta? ¿Son los alimentos ultraprocesados basados en vegetales nuestros salvadores?

Lierre Keith, una escritora y activista norteamericana, cuenta su devastadora experiencia con una dieta vegana. Se hizo vegana a los 16 años, convencida de que era la opción más saludable para ella y para el planeta. En vez de eso, se tuvo que enfrentar a diversos problemas de salud debido a su pobre dieta. “Durante 20 años, he destrozado mi cuerpo, tanto que me costó recuperarme. Me he dado cuenta de que el marco de mis valores era correcto: ética, compasión, y sostenibilidad, pero la solución no era una dieta vegana. No estaba salvando ningún animal. Eso es simplemente un cuento, y yo entonces desconocía el coste real que el planeta estaba pagando por mi dieta basada en plantas. Los únicos beneficiados eran las grandes multinacionales que producían la comida ultraprocesada basada en vegetales. Solo hay seis grandes compañías así que podemos decir que se trata de un monopolio”, explica.

El debate no debería ser carne versus garbanzos o guisantes, sino carne natural versus ultraprocesados de plantas hechos con 15-20 ingredientes. Consumirlos no es saludable. “Se piensa que podemos reemplazar la comida de fuentes animales tal como la carne con comida basada en vegetales, pero esto es pura fantasía. – continúa Leroy – No son procesos sencillos. Es una idea reduccionista. Si leemos la lista de ingredientes de los productos vegetales que tratan de imitar a la carne, podemos ver que está llena de aditivos, texturizantes, y este tipo de elementos. Incluso “a base de plantas” no quiere decir que esté compuesto por vegetales, sino que lo que hay son extractos, nada que se parezca a un vegetal. Producir estos alimentos ultraprocesados consume mucha energía y no es una alternativa sin impacto ni residuos comparado con la ganadería. Pretenden dar una imagen de productos más sanos y sostenibles, pero no lo son”.

“Esta tendencia de producir alimentos artificiales como las hamburguesas veggies o las falsas salchichas se está expandiendo de manera preocupante”, continúa Lierre Keith. “Pero tenemos un instinto carnívoro ancestral, y en este sentido, negamos lo que nuestro cuerpo necesita. La carne y los productos animales contienen algunos nutrientes ausentes o no disponibles en las plantas. Si quieres ser vegano, puedes hacerlo, pero necesitas suplementos, como omega 3, vitamina A, vitamina B12, hierro hemo, etc. Es muy triste porque nunca será lo mismo que comer una verdadera porción real de carne o beber un vaso de leche, tomar un poco de mantequilla o queso de pastoreo”, añade.

Si queremos solucionar los problemas de sostenibilidad y cambio climático, debemos dejar que los rumiantes hagan su trabajo. Porque lo que ellos hacen es preservar el suelo, aprovechar el carbono y fertilizar los campos. No necesitamos una aspiradora gigante que elimine las emisiones de gases atmosféricos. Todo lo que necesitamos son rumiantes y pasto. La esperanza es que el mundo vuelva a la vida. Y para ello, sentido común.

Fuente: European Livestock Voice

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