SAT As Pandas: la fuerza de la unión para asegurar el futuro de la ganadería familiar
Reportaje que se publicará en revista Frisona Española 275 (sep-oct 2026)
En Goiriz, parroquia de Vilalba (Lugo), SAT As Pandas demuestra que sumar esfuerzos puede ser la mejor manera de afrontar los desafíos de la ganadería actual. Lo que comenzó en 2011 como la unión de cuatro ganaderías familiares es hoy una granja con cuatro robots de ordeño, una elevada producción y un modelo productivo que apuesta por vacas funcionales, recría propia y eficiencia. Y con David, hijo de uno de los socios, incorporado al proyecto, miran al futuro sin perder de vista las dificultades del sector.
La unión hace la fuerza. En SAT As Pandas, esta máxima ha constituido la base sobre la que cuatro ganaderías familiares de la comarca decidieron construir un proyecto común, compartir recursos y reorganizar su actividad para garantizar su continuidad. Tres de aquellas granjas eran vecinas; la cuarta se encontraba a unos siete u ocho kilómetros, en otra parroquia y, en todas, sus responsables afrontaban las mismas dificultades: falta de mano de obra, envejecimiento de los padres y dificultad para asumir individualmente todo el trabajo diario. “Veíamos que nos quedábamos solos con un montón de trabajo”, recuerdan. La fórmula de colaboración que encontraron ha evolucionado con el paso de los años hasta convertirse en una explotación eficiente y consolidada.
Esta ganadería gallega reúne hoy a Moisés, Juan y David, hijo de Moisés, que se ha incorporado al proyecto y representa el relevo generacional. Con sus cuatro robots de ordeño y una plantilla formada por los tres socios y dos empleados, SAT As Pandas combina tecnología, organización del trabajo y una gestión orientada a mantener buenas producciones sin perder de vista la funcionalidad y la longevidad de sus animales.
No fue un cambio sencillo. Cada ganadería tenía sus costumbres, sus animales y su manera de trabajar. Hubo que adaptar la logística, reorganizar las tierras y aprender a funcionar como un equipo. En el camino, la explotación fue ganando terreno y consolidando su modelo productivo. Hoy cuenta con un censo de más de 340 animales, entre vacas, novillas y terneras. Una dimensión muy distinta de los proyectos de origen.
La creación de SAT As Pandas obligó a sus socios a empezar prácticamente desde cero. Había que encontrar una finca adecuada, con espacio suficiente para construir las instalaciones y posibilidades de crecimiento, además de resolver cuestiones tan básicas como el suministro de agua y electricidad. Cada uno contribuyó al proyecto con animales, terrenos, maquinaria y capital.
A la inversión se añadía el reto de aprender a trabajar juntos. La integración de cuatro rebaños en una misma nave suponía mucho más que trasladar vacas de un lugar a otro. Acostumbrarlas a un entorno nuevo y adaptar el manejo a unas instalaciones comunes.
A ello se sumaron cambios en la composición societaria a lo largo del tiempo. En 2013 falleció uno de los socios fundadores y los otros tres adquirieron su participación. Posteriormente, en 2019, otro de los socios se jubiló, y su parte fue adquirida por David, hijo de Moisés, que también recibió una cesión de participación por parte de su padre para cumplir los requisitos de su incorporación como joven agricultor. Así se llegó a la estructura actual, con tres socios y un objetivo compartido.
Todos los socios conocían bien el mundo ganadero desde pequeños. Sus padres habían tenido vacas toda la vida, aunque en una escala muy diferente. “De tener seis, siete u ocho vacas a tener unas 150 vacas en ordeño hay una gran diferencia”, subrayan. Pero dar el salto a una ganadería de mayor dimensión exigía encontrar fórmulas que permitieran aprovechar mejor el tiempo. Y ahí entró en juego una tecnología que entonces todavía despertaba recelos entre muchos ganaderos: el ordeño robotizado, uno de los hitos más importantes en la trayectoria de SAT As Pandas.
La apuesta por los robots de ordeño
Al principio, los socios tenían previsto instalar una sala de ordeño convencional. Sin embargo, una jornada de puertas abiertas organizada por Lely en una granja gallega les hizo cambiar de opinión. Moisés acudió a conocer el funcionamiento de los robots y regresó convencido de que podían ser una buena alternativa. “No entendía entonces por qué la gente hablaba tan mal de los robots de ordeño”, recuerda.
Convencer a sus compañeros fue el siguiente paso. Finalmente, comenzaron con dos robots, aunque la adaptación de los animales puso a prueba su paciencia. Las vacas procedían de cuatro ganaderías distintas y, además de cambiar de granja, tuvieron que acostumbrarse a los cubículos y al nuevo sistema de ordeño.
Los primeros días fueron intensos. Tanto, que los socios llegaron a quedarse a dormir en la granja para atender a los animales durante la noche. “Fue empezar de cero con todo. Muchos cambios, pero pasado un tiempo los animales empezaron a entrar mejor a los robots, ya no había que estar tanto tiempo aquí y fue todo mucho mejor”, recuerdan.
La experiencia también les enseñó que la capacidad de los robots debe ajustarse a las características del rebaño. Con el aumento de la producción, los dos equipos iniciales acabaron demasiado cargados. Bajo su experiencia, opinan que una referencia razonable es contar con unas 50 vacas por robot, aunque reconocen que la cifra depende de la producción individual y de la frecuencia con la que los animales acuden a ordeñarse.
Con el tiempo ampliaron el sistema hasta los cuatro robots actuales, distribuidos en dos lotes de vacas en producción. Esta organización les permite gestionar el rebaño y aprovechar mejor las instalaciones.
La explotación cuenta actualmente con unas 174 vacas en producción, alrededor de 22 vacas secas y unas 124 novillas, además de las terneras que van naciendo. La recría se realiza en casa. Solo en una ocasión tuvieron que adquirir diez animales debido a una situación excepcional dentro de su modelo de reposición.
La capacidad de crecimiento, sin embargo, está condicionada por el espacio disponible. Para aumentar de forma significativa el número de vacas sería necesario ampliar el establo y construir más cubículos. Por eso, la prioridad no es crecer por crecer, sino sacar el máximo partido a los recursos existentes.
Vacas productivas y longevas
En SAT As Pandas tienen claro que una buena vaca no se mide únicamente por los litros de leche que produce. La genética debe responder a las necesidades de la propia ganadería y, en su caso, especialmente al sistema de ordeño robotizado.
Los socios deciden los acoplamientos conjuntamente y cuentan con el asesoramiento de los técnicos de los AFRICOR. No siguen una procedencia genética determinada: buscan animales que funcionen bien, con independencia de dónde venga su genética.
“Lo que buscamos son vacas correctas en ubres y colocación de pezones. Además de que produzcan leche, que te aguanten la grasa y la proteína y que tengan las patas correctas”, resumen.
La importancia de la ubre y de la colocación de los pezones no es casual. Cuando unieron los cuatro rebaños, comprobaron que algunos animales presentaban dificultades para adaptarse al robot, especialmente por la dureza o la mala colocación de los pezones traseros. Aquella experiencia les hizo prestar especial atención a la funcionalidad de la ubre y al flujo de leche, dos aspectos imprescindibles para trabajar con robots.
La longevidad es otro de sus objetivos. Prefieren vacas capaces de mantener una buena producción durante varias lactaciones, con una estructura correcta y sin problemas para que permanezcan mucho tiempo dentro del rebaño.
Para afinar las decisiones, tienen todos los animales genotipados. La información genética les ayuda a orientar la reposición y a decidir qué hembras merecen la pena para continuar mejorando el nivel del rebaño.

En reproducción, inseminan las novillas habitualmente entre los 13 y los 15 meses, buscando una edad media al primer parto cercana a los 24 meses. Utilizan semen sexado en las primeras inseminaciones de las novillas y, posteriormente, semen convencional. Cuando una gestación se resiste, valoran recurrir al semen de razas cárnicas.
Los collares de Lely les ayudan a detectar el momento óptimo para inseminar, sobre todo en las vacas adultas. La tecnología aporta información, pero la experiencia y la observación diaria siguen siendo fundamentales.
“Al final lo que nos interesan son vacas que den leche, que tengan un tipo más o menos correcto, pero con buenas producciones y lo más longevas posibles”, señalan.
No es una ganadería orientada a los concursos morfológicos. Su prioridad se encuentra en el trabajo cotidiano, la producción y la gestión de los recursos disponibles.
Por otra parte, la unión de las cuatro ganaderías permitió distribuir responsabilidades y reducir la dependencia de una única persona. En SAT As Pandas todos los socios hacen de todo, de manera que pueden cubrirse mutuamente cuando alguno no está disponible.
Moisés asume principalmente las tareas administrativas y la burocracia, con el apoyo de David, mientras que el resto de las responsabilidades se reparten en función de las necesidades diarias y de la época del año, especialmente cuando se intensifican los trabajos agrícolas. A esta organización se suman los dos empleados de la ganadería.
“Antiguamente recordamos estar trabajando 365 días al año y se hacía un poco a lo bruto. Tampoco había más”, recuerdan Moisés y Juan. La incorporación de tecnología ha facilitado la planificación de las jornadas, aunque los socios tienen claro que automatizar determinadas tareas no significa eliminar la necesidad de personal.
El bienestar empieza en el manejo
Las instalaciones están organizadas precisamente para facilitar el trabajo y ofrecer comodidad a los animales. Las vacas en producción se distribuyen en dos lotes, cada uno equipado con dos robots de ordeño y con cubículos, bebederos y cepillos rascadores suficientes. En uno se encuentran principalmente las primíparas, junto con algunas vacas adultas, mientras que el otro reúne a las vacas adultas de más de dos partos. Los pasillos son de cemento rallado para evitar resbalones y las camas de arena.
La limpieza de los cubículos se realiza al menos una vez al día. Además, los sistemas de ventilación y refrigeración mediante riego contribuyen a aliviar los efectos del calor, especialmente importantes en una ganadería con niveles elevados de producción.
Las vacas secas se alojan en una zona lateral, con cama caliente de paja o hierba seca y acceso a bebederos, cepillos y sistemas de ventilación. Cuando se acerca el parto, pasan a las parideras, donde permanecen separadas durante cuatro o cinco días para que puedan parir con tranquilidad.
Por su parte, la recría comienza en cubículos individuales, donde las terneras permanecen entre siete y diez días. Después pasan a la zona de amamantadora y, cuando alcanzan aproximadamente los 90 días, se trasladan a otra instalación que pertenecía a la antigua ganadería de Moisés. Allí están desde los tres hasta los seis o siete meses, pasando sucesivamente por patios separados según la edad hasta llegar a los cubículos, donde permanecen hasta la gestación.
Para los socios, cuidar cada etapa resulta esencial: la producción futura depende tanto de la selección genética como del manejo, la alimentación y el desarrollo de las novillas.
La alimentación, otro de los pilares
La alimentación es otro de los pilares de SAT As Pandas. Disponen de unas 150 hectáreas, entre propias, arrendadas y cedidas por vecinos. Aproximadamente la mitad es de su propiedad, y esta base territorial les permite producir buena parte de los forrajes que consume el rebaño.
Cada año siembran unas 50 hectáreas de maíz para ensilado. El resto se dedica principalmente a la hierba, con algunas parcelas pequeñas destinadas a producir hierba seca. La paja se compra fuera de la explotación.
Las vacas en producción reciben dos raciones diarias, elaboradas con paja picada, silo de hierba, silo de maíz y concentrado. Las vacas secas y las novillas cuentan con raciones adaptadas a sus necesidades.
En el caso de la hierba, el objetivo es conseguir un forraje de calidad, con abundante hoja, proteína y buena digestibilidad. “Tratamos de hacer unos silos de hierba con mucha proteína, que sea hierba con mucha hoja, muy digestible, para que las vacas puedan asimilar esa hierba bien y produzcan”, subrayan.
Conseguirlo depende en buena medida de la climatología. El maíz permite planificar con mayor facilidad la recolección, pero la hierba obliga a estar pendiente del tiempo y acertar con el momento de corte. Esperar demasiado puede significar perder calidad, y hay que estar muy atentos a los días adecuados para recogerla.
La gestión de los purines también se beneficia de la superficie disponible, que les permite distribuirlos en sus tierras sin las dificultades propias de las zonas con mayor saturación ganadera.
Todo se acaba reflejando en una elevadísima producción. Los socios indican haber alcanzado en julio una media de 52 litros de leche por vaca y día. Con producciones tan altas mantener el equilibrio de la grasa y proteína también es un reto añadido. La grasa suele situarse por debajo del 4 %, mientras que la proteína se mantiene dentro de los mínimos exigidos por el comprador. En su caso, entregan la leche a Royal A-ware, empresa holandesa del sector lácteo que cuenta con una quesería en Salas, Asturias.
Para completar el manejo, cuentan con asesoramiento externo en podología bovina y salud animal, a cargo de Seragro, y en alimentación, con Ángel Ávila.
Más respeto por la profesión ganadera
A pesar de los avances en instalaciones, genética y organización, los socios de SAT As Pandas consideran que la rentabilidad sigue siendo uno de los principales problemas de la actividad ganadera. La inversión necesaria para mantener una explotación moderna, la burocracia, los costes de producción y la dificultad para encontrar mano de obra forman parte de las preocupaciones que comparten con otros ganaderos españoles.
Su principal reivindicación es conseguir una remuneración más justa y estable por la leche. “Cuando a nosotros nos bajan el precio de la leche, en los supermercados no baja ni un céntimo. ¿Dónde va ese dinero que nos quitan a nosotros? A la industria. Y es una millonada. La realidad es que hoy hay que tener muchas ganas para ser ganadero”, afirma Juan.
La volatilidad de los precios es otra de las cuestiones que más les preocupa. “Se tiene que regularizar el precio de la leche y ser más estable. Porque no puedes estar un año algo mejor y dos años con el miedo”, añaden.
Moisés también apunta que los problemas con los animales, los trámites administrativos y unos costes cada vez más difíciles de controlar hacen que la gestión de una ganadería exija hoy mucho más que saber producir leche.
Además, los tres coinciden en que la ganadería tiene una importancia económica y social que no siempre se reconoce. El sector primario genera actividad para muchas empresas y profesionales, pero consideran que el valor que produce no repercute suficientemente en quienes están al frente de las explotaciones.
En este contexto, la continuidad generacional adquiere un significado especial. David se incorporó a la ganadería en 2019, aunque durante un tiempo compaginó la actividad con otro trabajo. Antes había estudiado Relaciones Laborales y cursado un máster en Prevención de Riesgos Laborales.
Su decisión de apostar por la ganadería familiar no fue inmediata, pero hoy ve en ella una oportunidad de futuro. Conoce las exigencias de la profesión y también las posibilidades que ofrecen una estructura organizada y unas instalaciones modernas.
“Las inversiones que hay que hacer para ser ganadero son tremendas, por lo que hacer esto desde cero es imposible. Si yo no tuviera la oportunidad de seguir con un negocio ya en marcha, no lo podría hacer”, reconoce. Aun así, después de haber mantenido numerosas conversaciones con su padre sobre el futuro profesional y la evolución del negocio, tiene claro que quiere continuar: “Yo sí tengo el deseo de ser ganadero”.
Su incorporación supone una nueva etapa para SAT As Pandas. David representa una generación que ha tenido la oportunidad de formarse fuera de la ganadería antes de incorporarse a ella y que puede aportar otra visión de la gestión del trabajo.
Los socios tampoco consideran imprescindible seguir aumentando el tamaño de la ganadería. Con el espacio disponible, el margen de crecimiento es reducido, por lo que su intención es continuar trabajando como hasta ahora, mejorando lo que sea posible.
Juan apunta, además, a una cuestión que considera decisiva para el futuro del sector: reforzar la gestión empresarial. “La mayoría de los ganaderos que llevamos haciendo esto toda la vida no hemos sabido ser empresarios. Manejamos volumen, manejamos dinero, pero no funcionamos de forma estricta como una empresa”, reflexiona.
En Goiriz, SAT As Pandas ha demostrado que trabajar juntos puede abrir caminos que, en solitario, resultarían mucho más complicados. Ahora, con David incorporado y el relevo generacional en marcha, el reto es mantener vivo ese esfuerzo compartido y asegurar que la ganadería familiar siga siendo un referente ganadero de la comarca.

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